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(Regalo) Libro de Futbol por Ángel Luis Fernández Aboy «Kasio»

(Regalo) Libro de Futbol por Ángel Luis Fernández Aboy «Kasio»

Prologo de Coaching futbol "El futbol y sus películas"

Angel Fernandez Aboy (Kasio) nos comparte desinteresadamente este libro donde nos expresa sus experiencias en el futbol tanto como jugador y como entrenador de futbol narrando una serie de procesos que le harán descubrir cual es el mejor método de entrenamiento existente. El libro "El futbol y sus películas" es un libro-guía muy entretenido de un entrenador de futbol "Total" para entrenadores de futbol en pleno crecimiento.

Recomiendo ampliamente leerlo ya que rompe con muchos dogmas y anticipa una revolución que todavía esta por llegar en el futbol base a lo que metodologías se refiere ya que analiza los modelos o metodologías que tan de moda se están compartiendo en la actualidad como es la periodización táctica o la tecnificacion analítica. Es un libro muy fácil de leer, cortito pero al pie que hará reflexionar a todos los tecnicos.

Tenéis un enlace aquí de descarga y por escrito directamente por aquí, al autor le complacería que dejarais comentarios en este mismo post sobre lo que os sugirió este libro yo os pido que le dejéis una felicitación ya que su esfuerzo lo merece al compartirlo para todos.

El fútbol y sus películas Ángel Luis Fernández Aboy (Kasio)

Libro licenciado bajo Creative Commons AtribuciónCompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-SA 4.0)

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No hay restricciones adicionales. No puede aplicar términos legales ni medidas tecnológicas que restrinjan legalmente a otras a hacer cualquier uso permitido por la licencia.

A mis padres por mantener siempre su confianza en mí y ayudarme pase lo que pase. Sin su apoyo no habría llegado hasta aquí.

  • Índice Prólogo (Origen) ................................ ..................... 9
  • El fútbol y sus paradigmas, y como apartarlos de ti (Eyes Wide Shut) ........................... 13
  • El modelo de juego, de la pasarela Cibeles al Camp Nou (Prêt - à - porter) ................................ ...... 17
  • Periodización táctica o cómo convertirse al “cuñadismo” (Pacto con el diablo) ........................ 21
  • Entrenamiento integrado o cómo adorar el balón (La isla del tesoro) ................................ ....... 26
  • La tecni ficación ¿un juego de niños? (Toy Story) ................................ ................................ ...... 30
  • La sesión de entrenamiento. El orden y su desorden (La lista de Schindler) ........................... 34
  • Preparando el partido o cómo colocar las piezas (En busca del éxito) ................................ .... 41
  • El calentamiento pre - partido. Encendiendo motores (2 Fast 2 Furious) ................................ .... 49
  • El partido. Los porqués de todo (El sentido de la vida) ................................ .............................. 54
  • El análisis del rival. Cómo, cuándo y dónde (Minority Report) ................................ .................. 59
  • El final de la temporada. Echando cuentas (La decisión) ................................ .......................... 66
  • Epílogo (El fin de los días) ................................ ... 68

 

Prólogo (Origen)

Este escrito no pretende ser ni una guía ni un tutorial al estilo YouTube. En estas líneas sólo quiero presentar mi filosofía sobre el fútbol moderno. Aunque esa palabra, moderno, no me gusta porque para mí el fútbol ni es moderno, ni antiguo, ni es contemporáneo ni pretérito; el fútbol está en continua evolución en la cual, igual que las modas, a veces regresamos a lo que “antes funcionaba”.
En este documento voy a redactar mi idea sobre el fútbol, desde un punto de vista fresco y ameno. Quiero demostrar que, en una época llena de información, cursos, internet, televisión… existen tantas ideas que pretender ser el arquetipo del entrenamiento que, en mi humilde opinión, ninguna lo es.
Antes de nada quiero presentarme. Mi nombre es Ángel aunque me suelen conocer por Kasio, pero esta es otra historia. Tengo el título de Entrenador UEFA B, antiguo nivel I, desde mediados del 2018. Pero mi vida siempre ha estado ligada al fútbol. De pequeño, como el típico crio español, me encantaba jugar al fútbol y lo hice primero en la escuela de futbol del Arosa S.C. para posteriormente realizar las pruebas y jugar con el Villagarcia S.D., ambos equipos de mi ciudad. Como mis piernas no solía reaccionar como mi cerebro quería nunca destaqué de manera vistosa en esta faceta por lo que con 16 años ingresé en el Comité Gallego de Árbitros, en su delegación de Pontevedra.
Allí disfrute de ese difícil labor durante seis largos años, me gustaba y no lo debía hacer tan mal cuando fui
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ascendiendo de categoría año tras año. En mi último año como colegiado sufrí una lesión en mi rodilla derecha. Entre la lesión de la que nunca me recuperé y un mal estar con las decisiones de ascensos “a dedo”, abandoné el arbitraje y me separé del fútbol por primera vez durante un año. Pero el gusanillo me pudo e ingresé en las filas de la Asociación Arousa Fútbol 7, más concretamente en el comité organizador del Torneo Internacional Arousa Fútbol 7 Alevín.
Tras varios años, esta asociación creo un club federado de fútbol base y yo formé parte de la directiva como Secretario y durante un año fui delegado y segundo entrenador de su equipo infantil.
Siguiendo formando parte de la directiva del club y del comité organizador del torneo, noté que el fútbol me pedía otra vez algo más y yo consideraba que podía ofrecerle algo por lo que volví a convertirme en jugador con mis amigos y empecé a formar parte de un equipo de fútbol veterano. Pero de nuevo me di cuenta que de esta forma yo no podía darle nada al fútbol; mis piernas seguían siendo más lentas que mi cerebro y el cuerpo todavía era peor.
Así que me puse a trabajar mis neuronas para saber cómo poder seguir viviendo dentro de este gran mundo pero pudiendo ser relevante de alguna manera. Así que decidí que lo mío era ayudar a los demás a ser mejores, pero para ello tenía que formarme; así que me apunté a uno de los cursos de entrenador de la Federación Gallega de Fútbol y tras 8 duros meses de estudios ya tenía el título en mis manos.
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A partir del tercer mes me di cuenta de que en un curso te enseñan lo que sabe el profesor, pero yo no quería quedarme con una sola idea sobre el fútbol por lo que hablé con un viejo conocido que estaba entrenando un equipo senior de fútbol femenino y le pedí que me dejara ser su segundo entrenador; y así pasé a formar parte del Atlético Arousana a mitad de temporada, año en el que logramos el ascenso a Segunda División Nacional. Y el año siguiente cogí las riendas del equipo B, un equipo senior lleno de “mujeres” desde 13 a 17 años. Fue mi primera experiencia “oficial” como entrenador titulado.
Fue una mezcla de fútbol base con fútbol senior, formación y competición, en la que los resultados no acompañaron pero el nivel del equipo creció de manera exponencial. Después de cinco meses, por motivos ajenos a mí y a los resultados tuve que abandonar el equipo; pero rápidamente recibí una llamada de un equipo de Segunda Regional para pasar a formar parte del cuerpo técnico como segundo entrenador.
Y, hasta el momento de escribir estas líneas, esta es mi historia en el mundo del fútbol; corta como entrenador, pero muy larga en experiencias. Por lo que, sin ánimos de prepotencia, me considero capacitado para escribir este relato.
Con respecto al título, de esta obra, El fútbol y sus películas, me ha parecido más que acertado porque lo que deseo escribiéndola son varios aspectos. El primero demostrar que hay muchas ideas en este mundo que no son válidas al 100%, que se basan en unos buenos pilares pero que nosotros debemos de aceptarla con crítica desgranando lo que
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nos interesa y evitando lo que no nos vale, que nadie te cuente su película. También que el hecho de entrenar es como dirigir una película, somos los directores que parten de una presentación de la historia, que movemos los hilos durante todo el argumento y que buscamos terminar la película con un final feliz de ciencia ficción. Y por último que cada capítulo que vamos a desgranar nos cuenta una historia dispar, una película diferente que nos puede gustar o no, pero que han sido famosas y han sido vanagloriadas por unos y odiadas por otros, pero al fin y al cabo todos hemos oído hablar de ellas. Nuestra misión es decidir si nos quedamos indiferentes al verla o la marcamos como favorita en Netflix y se la recomendamos a nuestros amigos.

El fútbol y sus paradigmas, y como apartarlos de ti (Eyes Wide Shut)

Como ya he comentado en el prólogo, vivimos en una época en la que disponemos de múltiples modos de conseguir información, y mucho más si el tema que buscamos es el fútbol. Existen cientos de libros sobre modelos de juego, sistemas, filosofía de Guardiola, el secreto de Mourinho, como entrena Marcelo Bielsa; encontramos en internet ejercicios y tareas por millares. Podemos ver cientos de partidos de fútbol a la semana, desde la gran Liga Santander hasta la Liga China, desde Primera División hasta partidos de prebenjamines. Y luego está el cáncer del fútbol, el supuesto periodismo deportivo, redactores, comentaristas, personajes de “interés” en debates sin sentido. Nos asoballan con tanto que cualquiera puede llegar a convertirse en un “falso experto” sobre el fútbol, y en un país donde este deporte es el rey de los deportes, todo el mundo se considera con derecho a decir el famoso “el fútbol es así” y lo es porque lo digo yo. Aquí es donde yo decidí que si realmente hay un solo fútbol debía de encontrarlo. Me puse a estudiar, a leer, a investigar y tras mucho tiempo llegué a la conclusión. No existe el fútbol único, no existe el modelo exacto, no existe la metodología perfecta. Lo ideal es generar con todas estas ideas un puzle de mil piezas y después tirarlas todas a la basura y dibujar tu propio cuadro para colgarlo en la pared de tu salón. Ahora es cuando vosotros me decís que el modelo de Guardiola es el modelo del éxito. Y yo os respondo, intentar jugar con ese estilo en tercera regional, o peor aún, intentar plantear su metodología de entrenamiento en un equipo de alevines de primer año en una liga comarcal. Imposible. Lo ideal, y a la idea que yo he llegado, es que es muy interesante, por no decir necesario, conocer todos y cada uno de los paradigmas de los distintas modelos, sean antiguos (la presión total de Rinus Michels con Holanda) o modernas (el tikitakismo actual); estudiar distintas metodologías, entrenamiento analítico, entrenamiento integrado, periodización táctica; juntar todo eso y crear tu propia idea adecuada siempre al equipo del que dispones. Parece una herejía decir que la metodología integrada de Guardiola, que realmente no es de él sino de Paco Seirul Lo, no es válida; y realmente es una blasfemia, pero una blasfemia necesaria. Es obvio que se base en unas ideas perfectas, enseñar a jugar al fútbol con el balón, evitar repeticiones en las que falten aspectos de juego de los partidos (balón, rival y compañeros), pero si estás en etapa de formación debes de enseñar técnica y si no te paras y evitas interferencias externas (rivales) no puedes enseñar. Y la misma hipótesis ocurre con la periodización táctica de José Mourinho, otra vez otorgada al entrenador siendo creada por su preparador en el Oporto Vitor Frade. Metodología que nos dice que toda la preparación de los jugadores, las cuatro patas de la mesa que lo forman (táctica, técnica, física y psicológica) se tienen que entrenar juntas y no por separado para habituar a los jugadores a dominar el “saber sobre el saber hacer”. Buenísima idea ya que los jugadores aprender a decidir antes de que las cosas ocurran, pero si dispones de jugadores con un estado físico bajo no puedes
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entrenarlos de la misma manera que los que están mejor en este aspecto porque, o estos jugadores no llegaran a su mejor forma o los entrenamientos bajarán su nivel. Y luego tenemos el estilo y el sistema, hace poco tiempo parecía que para poder jugar bien al fútbol era necesario el juego de posesión, el famoso tikitaka, pero si no disponemos de un jugador con una gran técnica es imposible y menos aún si no tenías un jugador que termine esas jugadas. ¿Qué tiene de feo el juego directo? O mejor aún, mí preferido, los cambios de ritmo. Y en cuanto a los sistemas, ¿por qué ha desaparecido el rombo en el medio campo de finales de los 90? ¿Por qué esa obsesión enfermiza del 4-3-3 con interiores? ¿Acaso no es bonito un extremo que corra la banda y ponga un centro medido a la cabeza del delantero puro? No, la fastidiosa moda ahora dice que el que tiene que poner los centros tiene que ser un lateral con largo recorrido, me parece bien, pero con esa figura obligas a tu equipo a disponer de un mediocampista que cubra su espalda, un, actualmente conocido como mediocentro defensivo, que sepa hacerle la cobertura al lateral por si pierde el balón. ¿Cuándo le hemos quitado la creatividad a los mediocampos para convertirlos en defensas? ¿No sería mejor que la defensa defienda y los mediocentros atacaran y en caso de pérdida robaran en campo contrario? Pues sí, o no, quien sabe, depende de tus jugadores. No existe un solo fútbol. Por estos motivos, y por muchos más creo que conocer todos los paradigmas del fútbol es muy importante, pero saber apartarlos de ti es mucho más importante. No quieras entrenar a tu equipo como el Bayern Múnich. Entrénalo como el Villaverde de Abajo si lo que necesitan es entrenar de esa forma. El fútbol es de los jugadores y son ellos
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quienes deben de ser la referencia del entrenamiento, de la metodología, del modelo de juego; son ellos los que deben de mostrarnos como se debe jugar, y nuestro deber como entrenadores es ser lo suficientemente inteligentes como para averiguarlo lo antes posible, y sobre todo aplicarlo.
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El modelo de juego, de la pasarela Cibeles al Camp Nou (Prêt-à-porter)

Actualmente existe una inexorable obsesión sobre que todo debe basarse en el modelo de juego, y en parte es cierto, se tiene que jugar como se entrena, eso es obvio; se tiene que entrenar con tareas relacionadas a lo que quieres mostrar en el campo. Pero ¿Cuál es el modelo de juego ideal? ¿A que debe de jugar nuestro equipo? ¿Debemos basarnos en una defensa robusta y buscar las pocas oportunidades que dispongamos como el modelo de Mauricio Sarri? ¿Debemos realizar una presión intensa en la salida del rival como Jurgen Klopp? ¿Debemos de avasallar al rival con una posesión de un 80% como Josep Guardiola? El cliché de que cada entrenador debe de tener un modelo de juego y hacer que sus jugadores se adaptan a él es la mayor blasfemia del mundo del fútbol. Podemos tener una idea de cómo nos gustaría que jugaran nuestros equipos pero nunca vamos a disponer de los jugadores necesarios para poder llevarlo a cabo; por consiguiente el modelo de juego es del equipo nunca del entrenador. Los jugadores de los que dispongamos son los que nos van a hacer decidir el tipo de juego a intentar realizar, si caemos en el error de pensar lo contrario, no sólo no vamos a conseguirlo sino que vamos a provocar a nuestros jugadores un estrés psicológico muy difícil de recuperar. Ellos tendrían que adaptarse, caer en la absurda idea de que lo que han hecho hasta ahora no es lo correcto y se sentirán inferiores a sus rivales al tener que realizar acciones técnico-tácticas que no dominan por no estar acostumbrados; esto en el mejor de los casos. O incluso peor, podemos perder el respeto de dichos jugadores al verse estos
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obligados a realizar algo que no consideren oportuno, y comenzarán los odiosos susurros de “éste no tiene ni puta idea”. Cuando llegamos a un nuevo equipo debemos dejar a los jugadores que nos muestren como son, tanto como jugadores como personas. Los tres primeros entrenamientos son los más difíciles para el entrenador, pero deben de ser los más amenos para el jugador. Deben de sentirse libres de hacer lo que quieran y nosotros debemos de poner todos los sentidos en observarlos, analizarlos y comprender sus virtudes y sus defectos. Una vez pasa ese breve periodo ya debemos tener una base de datos de nuestros jugadores, con estos datos tenemos la suficiente información como para decidir nuestro, como me gusta denominarlo a mí, morfomodelo de juego. Menudo “palabro” os acabo de soltar pero antes de castigarme por mi patada al diccionario dejarme que os lo defina. Durante una temporada entre amistosos, liga, copa y torneos podemos llegar a jugar fácilmente entre 35 y 50 partidos, en los cuales nos vamos a enfrentar con 20 rivales distintos por ejemplo. ¿Se puede jugar igual contra todos los rivales? Está claro que no, es imposible ya que habrá rivales de un nivel superior y rivales inferiores, habrá rivales que nos presionen arriba y otros que nos cedan el balón, habrá días que nos salga todo y días que fallemos cualquier pase. Entonces, ¿os estoy diciendo que tenemos que variar nuestro modelo en cada partido según el rival que tengamos delante? Tampoco. Un equipo debe de saber a qué quiere jugar según sus jugadores, tenemos que tener la idea de cómo queremos dominar todos los partidos, pero no siempre va a funcionar,
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con lo cual a la hora de entrenar hay que saber variar las posibles circunstancias que pueden ocurrir durante los partidos y realizar cambios de organización sin que los jugadores se encuentren extraños ante esa situación. Ejemplo claro: tenemos un equipo con varios mediocentros de gran nivel y dos jugadores en banda muy rápidos, decidimos jugar con un sistema 4-5-1 en el que los mediocentros organizan todo el juego y los dos extremos buscan las espaldas de sus laterales o diagonales hacia las espaldas de los centrales. Pero nos encontramos con un rival que juega replegado con un 5-4-1, realizando unas muy buenas coberturas defensivas evitando las entradas de nuestros extremos y aglutinando gente en el centro evitando la salida con balón por el medio. Si solo hemos entrenado este modelo de juego estamos perdidos. Pero si durante la temporada hemos sido inteligentes puede que tengamos una segunda opción, podemos sacrificar uno de nuestros mediocentros que tan bien la tocan por un central, dándole recorrido a nuestros laterales y quitando a un extremo por un segundo delantero, convertimos el 4-5-1 en un 3-5-2 pudiendo entrar por banda con superioridades y colgando balones a los dos delanteros, o incluso meter a un medio centro de media punta entre líneas rompiendo la organización defensiva rival. Pero claro, esto hay que entrenarlo, sino el mediapunta no sabrá jugar entre líneas, no sabrá arrastrar a los mediocentros o a los centrales haciendo espacios libres para los delanteros. Por eso tenemos que saber disponer de un morfomodelo que permita a nuestro equipo cambiar su disposición en el campo a través de una simple orden nuestra. Y ya no estoy hablando simplemente del sistema, sino
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también de la forma de jugar; en el ejemplo anterior hablábamos de que teníamos un equipo con mediocentros muy buenos técnicamente por lo que nuestro equipo se basaba en juego asociativo, en la posesión que tanto gusta, en mover el balón de una banda a otra aprovechando a los dos buenos extremos que teníamos; pero los cambios realizados nos obligan a realizar un juego mucho más directo, llevar el balón a la banda, hacer dos contra uno y centrar. No debemos de quedarnos con una sola idea de juego porque no siempre nos va a funcionar, y además esto provoca monotonía en los jugadores y aburrimiento; y tus jugadores van a entrenar y a jugar porque les gusta el fútbol y se divierten con ello. No les estropeemos su ocio.
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Periodización táctica o cómo convertirse al “cuñadismo” (Pacto con el diablo)

Ahora nos toca hablar de la periodización táctica, esa “impresionante” metodología que tanto ha dado que hablar. Antes de empezar a definirla y discutirla me gustaría citar un tweet que me parece digno de mención:

Tweet de @coachingfutbol:

- Yo entreno según la periodización táctica.

- ¿Ah sí? ¿Has leído libros sobre ello?

- No

- Y ¿qué es la periodización táctica?

- Jugar como Guardiola

Este tweet es digno de admiración. Y los que estéis leyendo esto y no estéis por los suelos riéndoos a carcajadas lo vamos a explicar. La periodización táctica es una metodología de entrenamiento creada por Vitor Frade, profesor jubilado de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la universidad de Oporto, y Director del Departamento de Metodología del FC Porto. Suena raro ¿verdad? ¿Por qué? Porque normalmente la periodización táctica se atribuye a Jose Mourinho y realmente su padre es el que fue su preparador físico. ¿En qué consiste? Voy a hacer una definición que realmente no se atiende a la realidad porque su definición es muy amplia pero no estamos aquí para aburrir a la gente con líneas y líneas de tecnicismos, sino para simplificar el trabajo
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a la gente. La periodización táctica es la metodología que dice que la forma de entrenar no debe ser extrapolando los distintos aspectos del entrenamiento (técnico, táctico, físico y psicológico), sino unificando todo en una o varias tareas conjuntas. Resumiendo, todas las tareas que diseñemos en cada uno de los entrenamientos deben de ejecutar las cuatro facetas entrenables de cada jugador. Es decir, nuestras tareas deben de exigir al jugador una carga física (potencia, resistencia, fuerza), una carga técnica (control, pase, golpeo), una carga táctica (presión, basculaciones, amplitud) y una carga psicológica (estrés, superación de miedo, mejora de decisiones). La idea no es buena sino casi óptima, salvo ciertas incongruencias. Desglosemos: creamos una tarea de posesión en un espacio reducido de 8 vs 8 en un 40x30 y dos porterías, añadimos dos comodines exteriores y creamos reglas para que para poder atacar la portería tenemos que jugar con los dos comodines exteriores por banda, con este ejercicio si lo realizamos en series de cinco minutos con 45 segundos de descanso entre series estamos entrenando resistencia aeróbica (físico), a mayores como es un espacio reducido y los pases deben de ser rápidos entrenamos pase, control y regate (técnica), como en las normas obligamos a jugar con los comodines exteriores para poder atacar entrenamos la amplitud (táctica); y al ser en un espacio reducido, lo que queremos entrenar se repite muchas más veces que en un partido real por lo que estamos entrenando al jugador para decidir el momento ideal en el que debe de realizar el cambio de orientación hacia la banda (psicológico). Como digo es una metodología genial porque en una sola tarea entrenas todos los aspectos entrenables, de hecho
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no puedo negar que en mis inicios me sentí tremendamente enamorado de esta idea, se podría decir que hasta alineado como si de una secta se tratase. Y me convertí durante una época al cuñadismo; todo lo que no seguía esta metodología estaba mal. ¿Que veía en las noticias al “Profe Ortega” entrenando sólo físico? Este tío no tiene ni idea, sin balón no se debe de entrenar. ¿Qué veía un entrenamiento de Marcelo Bielsa en el que repetía sin oposición un saque de banda durante veinte minutos? Así con esa repetición el jugador no va a saber reaccionar si durante el partido la presión del rival es distinta. Qué equivocado estaba. Llegas a un equipo de fútbol base e intentas implantar esta metodología que tanto “mola”. Creas una tarea de posesión con la intención de practicar un supuesto táctico. Pero dentro de tus jugadores existen dos o tres que técnicamente son muy limitados. ¿Cuál es el resultado? Primero, deben de tener unos veinte balones cerca porque muchos se van fuera de los límites marcados; segundo, cuando el balón llega a estos jugadores, como no han adaptado sus cualidades a las acciones necesarias (léase orientación corporal, léase buen golpeo del balón con la superficie necesaria, buena decisión de cuándo y hacia donde golpear) pierden el balón y se frustran, con lo cual psicológicamente los estas mermando; y tercero, e incluso peor, sus compañeros acaban intentando evitar darle el balón para no bajar el nivel del ejercicio. ¿Qué conseguimos? Perder a esos jugadores, que decidan bajar su nivel de entrenamiento evitando correr y escondiéndose o directamente que decidan abandonar el equipo. No obvio que las ideas de esta metodología no son buenas, de hecho me quedo, sobre todo, con sus variantes en
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el entrenamiento de la condición física. La periodización táctica, en una de sus grandes ideas diferenciales, nos dice que los antiguos entrenamientos físicos no tienen sentido en el fútbol moderno, y esta hipérbole la acepto con matices. ¿Por qué hay equipos que en pretemporada se van a correr a la playa o al monte? Me parece genial que en la playa se entrena la resistencia aeróbica y en el monte la fuerza del tren inferior. Pero, ¿realmente vamos a estar en un partido corriendo sin parar durante una hora? No. Lo habitual es realizar múltiples carreras de entre 5 y 40 metros pero cuando el balón sale de nuestra zona de influencia nos recolocamos en el campo andando. Con lo cual, prefiero realizar un entrenamiento físico de intervalos en los que conduzcamos el balón durante la carrera; de esta forma entrenamos físico y técnico juntos, los jugadores que tengan menos capacidad técnica van a mejorarla porque no querrán quedarse atrás en la fila y los que tengan menos capacidad física van a mejorar porque van a competir contra los que si. ¿En el campo hay cuestas? No, entones ¿porque correr por cambios de altitud en el monte?, ¿el césped presenta la misma resistencia que la arena de la playa? Entonces ¿Por qué forzar las piernas de nuestros futbolistas de más provocando sobrecargas e incluso distensiones con su consiguiente semana de descanso? Como vengo repitiendo durante todo este escrito, todas las ideas que tan famosas se hacen tienen sus pros y sus contras, y la periodización táctica no se salva de la norma. Sus ideas son muy buenas, y quien soy yo para rebatir a un profesor universitario y preparador de élite. Pero si soy quien dice, y creo que no ando muy desacertado, que no en todos los equipos podemos poner en práctica esta metodología,
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pero sí podemos adaptarla a nuestro equipo, por lo menos partes de ella.
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Entrenamiento integrado o cómo adorar el balón (La isla del tesoro)

 

Este capítulo va a ser un calco del anterior, de hecho vamos a empezar desmontando la idea sobre su creador igual que en la periodización táctica, ¿por qué siempre somos los entrenadores los que nos llevamos el mérito? No lo sé. La idea del entrenamiento integrado no nació de Josep Guardiola como mucha gente piensa, sino de Paco Seirul-Lo, profesor de la Faculta de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad de Barcelona. Posteriormente se convirtió en entrenador de atletismo, preparador de la disciplina de balonmano del FC Barcelona, preparador de Dani Pedrosa y, su mayor éxito, preparador físico de FC Barcelona en la etapa que entrenaba Josep Guardiola. Paco convenció a Guardiola, ya en su etapa en el Barça B, en que la preparación física no debía de estar separada del fútbol en sí. Cualquier tarea que se entrenara debía estar relacionada con situaciones de juego por lo tanto siempre deberían existir las tres peculiaridades que se va a encontrar un jugador, que son el balón, rivales y compañeros. Con lo cual las repeticiones de las tareas siempre tendrían alguna diferencia, un rival llega tarde, un compañero se desmarca hacia otro lado o simplemente el balón llega raso o botando. Está claro que esto es una simplificación de una teoría de cientos de páginas, pero no vamos a matizar a estas alturas. ¡Qué gran idea! Así los jugadores se acostumbran a lo que pasa en un partido, pues perfecto, eliminemos de los entrenamientos las ruedas de pase (no hay rivales), los
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disparos a portería sin oposición, las conducciones entre conos y, sobre todo, las carreras alrededor del campo. ¡Qué bien se lo van a pasar los jugadores entrenando! ¡Error! Volvamos al ejemplo del fútbol, base. ¿Cómo le vamos a enseñar a un jugador a regatear a un adversario si no le hemos enseñado a controlar el balón durante una conducción de 10 metros? ¿Lo metemos en la boca del lobo contra defensas y que reciba ya la sensación de fracaso antes de aprender lo básico? Imaginemos ahora que estamos en un equipo senior y durante las últimas jornadas hemos recibido muchos goles en contra por problemas de control de espacios de la línea defensiva. Decidimos que en los siguientes entrenamientos debemos de potenciar a esta línea a realizar basculaciones y coberturas de forma correcta. Pues nada, esta metodología nos indica que vamos a crear tareas con todos los aspectos del fútbol. Colocamos una defensa de cuatro y ponemos un ataque 3-2 con balón. Que buenos que somos, tenemos balón, rivales y compañeros. Pues nada, jugadas continúas corrigiendo errores de marcaje, de basculación y de coberturas. La sobrecarga de información provocará que algunos jugadores aprendan un 10%, otros un 20% y como mucho alguno de ellos llegara al 40%. ¿No sería mejor dividir las ideas en distintas tareas? En una primera tarea movemos un balón de un lado a otro y enseñamos a la defensa a bascular según la posición de éste. En la siguiente tarea explicamos cómo marcar a los rivales, orientación corporal, colocación respecto a portería y rival, estrecho cerca de la portería y elástico cuando está en medio campo, etc. En la tercera tarea les mostramos como realizar
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coberturas, cuando un compañero es desbordado. Estamos evitando jugadas continuas y le estamos explicando a los jugadores distintas acciones que acabaran agrupando todas en un solo movimiento, pero explicadas una a una. Otro ejemplo más claro, y evitando volver a hablar de la pretemporada, tan discutida. Llegamos con nuestro equipo al descanso navideño, hemos pasado una primera vuelta de la liga con mucho desgaste y tenemos varios jugadores con contracturas, hemos tenido alguno con un esguince, o quizás hasta hemos tenido alguna rotura de fibras por golpes o por esfuerzo. Volvemos a los entrenamientos tras los polvorones y el turrón y los jugadores que han descansado de sus lesiones empiezan a entrenar, pero lo hacen con miedo, no meten siempre la pierna, no se esfuerzan al 100% por miedo a volver a romper, e incluso los que vienen de esguinces no notan la misma estabilidad. Un buen fisioterapeuta te va a recomendar realizarles a estos jugadores tareas de propiocepción, cargas excéntricas, controles de equilibrio y mucha polimetría, ¿por qué? Porque físicamente los sensores corporales han sido dañados tanto o más que los músculos y tendones y, siendo frio en la definición, necesitan recordarse a sí mismos hasta donde pueden llegar y evitar ese miedo a recaer en la lesión. Pero nosotros como somos discípulos de Guardiola (que no de Paco Seiru-lo) no podemos entrenar sin balón y rival, así que no hacemos caso, entrenamos con balón, rivales y compañeros y los jugadores recaen en sus lesiones tras dos jornadas. La antigua y tan odiada metodología analítica, que basa el aprendizaje en la repetición de la acción hasta que el jugador la hace suya no es tan mala idea. ¿Qué mejor idea para enseñarle a un benjamín a controlar un balón que dar pases a
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una pared? Si Marcelo Bielsa, su mayor defensor, ha estado en la élite tanto tiempo por algo será. Siempre recordaré unas imágenes de Bielsa entrenando al Athletic Club en el que la tarea se basaba en un desmarque en un saque de banda para recibir el balón y cambiarlo de banda, en los 15 minutos que duró la tarea el jugador que realizaba el desmarque debió de hacer unos 60 cambios de orientación, y cuando el jugador decía “salió bien”, Bielsa le respondía “el balón botó 40 centímetros más atrás de donde debía”. Estamos hablando de un extremismo, pero justo eso es lo que intento evitar en esta verba. Los extremismos no son buenos, debemos de buscar el punto medio entre todas las ideas.
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La tecnificación ¿un juego de niños? (Toy Story)

Ahora vamos a hablar de la tecnificación en el fútbol. Este modelo de entrenamiento consiste en realizar un trabajo individual con el jugador con el fin de mejorar su calidad técnica y dotarlo de una mayor cantidad de recursos para ser más eficaces en su juego colectivo. Últimamente se denota un gran auge de campus y escuelas de tecnificación para niños en sus primeras etapas de aprendizaje (hasta alevines) que suelen celebrarse en periodos estivales como puede ser el parón navideño o las vacaciones de verano. Se crean con la “excusa” de que durante la temporada, en los entrenamientos, no podemos dedicar tiempo a este aspecto al ser tareas individuales. Dentro del mundo de la tecnificación destaca el Método Coerver; método bien estructurado creado por Will Coerver y muy utilizado por el formador holandés Horst Wein; que ha sido alabado en el mundo del fútbol por ser “creador” de grandes futbolistas. Este método ha sido abiertamente utilizado por grandes jugadores con mucha calidad como Cristiano Ronaldo o Argen Robben entro otros muchos; y se basa en la máxima de que “la técnica no sólo es innata sino que se puede entrenar”. Volvamos al aspecto crítico que tanto estoy resaltando. Lo primero criticable de los dos primeros párrafos de este capítulo es la palabra “niños”. La técnica es uno de los famosos cuatro aspectos entrenables de cada jugador. Si esto es así, ¿por qué limitarlo exclusivamente a los niños? Está claro, y los estudios sobre enseñanza-aprendizaje así lo
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demuestran, que cuantos menos años tenga en jugador, más posibilidad de mejorar, aprender y desarrollar nuevas habilidades tiene; pero esto no quiere decir que un jugador de 30 años no puede aprender un nuevo regate y perfeccionarlo, aunque obviamente le costará más. Con lo cual, siempre que dispongamos del tiempo necesario, nunca estará de más “perder” algo de ese tiempo en mejorar las cualidades de nuestros jugadores. Otro de los aspectos analizables del uso de esta metodología es el hecho de que es necesario disponer de campus o escuelas que se dediquen a entrenar a nuestros jugadores. Esto viene debido a que cuando entrenamos a un equipo, sólo nos centramos en mejorar el conjunto para ganar partidos o que nuestro equipo juegue mejor; pero nos olvidamos de que si mejoramos a nuestros jugadores individualmente también mejoramos a nuestro equipo. Los jugadores, desde temprana edad hasta senior, son personas con sentimientos que denotan cuando “pierdes” tiempo en ellos y, quizás por la costumbre histórica de que un entrenador entrena un equipo, les parece extraño el hecho de realizar trabajo individual, pero lo aceptan y en realidad lo agradecen aunque no te lo vayan a reconocer abiertamente. Y que mejor orgullo que tener un jugador contento y confiado en que su entrenador le presta atención y le ayuda. Esto a parte de las mejoras que conseguimos, implica que el jugador disfrute de los entrenamientos y desee que llegue el siguiente entreno cuando le pones fin a la sesión. La mayor dificultad que nos genera este tipo de entrenamientos o tareas es el hecho de evitar el aburrimiento o la monotonía. En un equipo siempre hay mucha diferencia de nivel técnico entre jugadores, con lo cual si creas dos líneas
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de jugadores enfrentados cara a cara, uno contra uno, les das un balón y empiezas a enseñar un gesto técnico vas a tener el gran problema de que unos jugadores realizan el gesto de forma inmediata y otros tienes que pararlos y enseñarles a cómo poner el cuerpo, con que superficie tocar el balón, como mover las piernas, etc. La solución a esto es tan sencilla como el hecho de comunicarnos. Debemos hablar con los jugadores, sean de la edad que sean, explicarles lo que estamos haciendo y sobre todo por qué lo estamos haciendo, y posteriormente ir escalando y progresando los gestos hasta llegar a sorprender a los jugadores más técnicos y demostrar a los menos técnicos donde pueden llegar. Un ejemplo de esto es empezar los gestos por una simple pisada de balón, continuar por una conducción con parada en seco mediante pisada, seguir con un cambio de dirección. Una vez llegado a este punto se práctica otro gesto que no tenga que ver con los anteriores, como podría ser una bicicleta, con el fin de “cambiarle el chip” al jugador sobre lo que estábamos haciendo; y finalmente acoplar los tres primeros ejercicios y demostrarles que enlazando estos gestos conseguimos hacer una ruleta técnicamente perfecta. Todo esto explicándoselo paso a paso a los jugadores. Por mi experiencia haciendo esto conseguimos varias cosas a mayores de la mejora técnica. Primero, como dije antes, el jugador menos dotado, desarmando una ruleta en tres pasos sencillos se da cuenta de que lo que antes consideraba imposible de hacer porque era “de otro nivel” puede llegar a hacerse con perseverancia y ganas. Y segundo, el jugador que ya sabía hacer la ruleta se ha dado cuenta de que, aunque creía que ya la sabía hacer, puede mejorarla; comprende que cada uno de los pasos para hacerla es tan importante como el
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siguiente y, sobre todo, que cuando “no le sale” entiende donde ha fallado. Parece una tontería, y algo laborioso, pero los frutos de este tipo de entrenamiento, sorprendentemente, se ven muy rápido. Pero para que sea efectivo, como hemos comentado, es necesario implicar de una manera exponencial al jugador, explicarle paso a paso los ejercicios y sobre todo su por qué; y progresarlos de tal manera que el jugador quiera dominar el primer paso porque está deseando conocer el siguiente y ver que es capaz de aprender. Hay que demostrarle, sin llegar a herir su ego, que sabemos más que él y que podemos ayudarle a crecer. Esto con la edad del jugador es más difícil pero… ¿Quién dijo que entrenar era fácil?
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La sesión de entrenamiento. El orden y su desorden (La lista de Schindler)

Este es uno de los capítulos que estaban en mi cabeza desde que decidí empezar a escribir sobre fútbol. La base de un entrenador son sus sesiones de entrenamiento, donde y cuando enseñamos, donde y cuando intentamos que nuestros jugadores jueguen al fútbol y dejen de jugar a la pelota. Y una buena sesión debe de seguir un orden que sea siempre el mismo, pero se debe de imponer un desorden que evite la monotonía y el aburrimiento de los jugadores. Vamos primero a desgranar en partes una sesión de entrenamiento, cualquier estudio, curso o charla de un famoso entrenador nos indica que los entrenamientos se dividen en tres fases. Fase de calentamiento o “puesta en marcha”, donde conseguimos que los jugadores se activen, entren en calor y preparen su cuerpo y su mente para el desgaste que vamos a ejercer sobre él. Fase principal, donde realizamos las tareas que queremos entrenar sean físicas, técnicas, tácticas o psicológicas. Y por último la fase final o “vuelta a la calma”, donde desentumecemos los músculos (incluido el cerebro) y analizamos, tanto los jugadores como el entrenador, si la sesión ha sido buena o hemos cometido errores. Está claro que esta clasificación de las fases, este orden, es necesario porque la propia fisiología del cuerpo humano nos dicta que así debe ser, no hay discusión posible. Pero también hay estudios que indican que el poder de atención de una persona disminuye a medida que la rutina y la repetición inundan su día a día. Durante una temporada podemos realizar más de 100 sesiones, la rutina es el mayor
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de los peligros; e incluso en una sola sesión estamos 90 minutos (habitualmente) realizando tres o cuatro tareas y es muy difícil conseguir atención y concentración durante tanto tiempo seguido. ¿Cómo evitamos eso? Con desorden. Ahora es cuando estáis pensando, este tío está loco, primero habla de que hay que ser ordenado y ahora que hay que desordenarse, no hay quien te entienda. ¡Vaya! Acabo de llamar vuestra atención ¿verdad? Igual que en cada entrenamiento intento que mis jugadores estén atentos y les llame la atención todo lo que hacemos. Si es que no tengo abuela. Vamos a explicarnos, lo primero que debemos hacer es planificar los entrenamientos, si hay algo que debemos repetir es el inicio de la sesión, cuando empezamos los jugadores vienen con ganas de entrenar, ponen todos sus instintos en las tareas y es el momento en el que la monotonía no influye en la atención, tras los típicos saludos y pequeñas charlas distendidas entre los compañeros debemos iniciar una puesta en marcha que en poco tiempo los jugadores sepan realizar de manera autónoma. Con esto conseguimos varias cosas, lo principal es llegar a la meta de la fase de calentamiento, una preparación física del cuerpo; a mayores nosotros podemos utilizar este tiempo de auto-entrenamiento para colocar en el campo los materiales necesarios para realizar las siguientes tareas; y sobre todo los jugadores van adaptando una autogestión que crea confianza ya que el entrenador les permite hacerlo sin su supervisión. Esto en condiciones normales se consigue tras dos semanas de entrenamientos. Este proceso repetitivo día tras día, sesión tras sesión no debe de exceder los 15 minutos.
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Ahora comienza la parte difícil. Uno de los puntos importantes para evitar la monotonía es que el jugador no sepa cuando termina la fase de calentamiento y cuando empieza la fase principal. Tras esos primeros 15 minutos debemos de crear alguna tarea que nos permita seguir activando el cuerpo pero que ya estemos entrenando algún aspecto técnico o táctico, con ello conseguimos que el jugador tenga la sensación de estar aprendiendo o mejorando mientras seguimos adecuando su cuerpo para el estrés físico y psicológico que le vamos a provocar. Pero sobre todo nunca, o muy pocas veces durante la temporada, debemos de repetir estas tareas. Vemos por televisión o en prensa que equipos de primer nivel en sus inicios de los entrenamientos, tras una carrera continua en grupo, se dedican a hacer rondos. Es un ejercicio válido como cualquier otro pero la repetición de ellos día tras día llega un momento en el que provoca que el jugar solo se mueva si recibe el balón o que, como siempre es lo mismo, se dedique a intentar hacer caños a sus compañeros, los movimientos son andando, no hay intensidad y el pasotismo invade la tarea, con lo cual perdemos calor corporal, el cerebro deja de enfocar su atención en prepararse y evitamos lo que realmente queríamos, activarnos. Una vez pasamos, de forma lo más borrosa posible, la fase de calentamiento y estamos inmersos ya en la parte principal del entrenamiento, debemos de preparar las tareas lo más dispares posibles, dedicar cinco minutos a explicar a los jugadores la tarea sin decirle directamente lo que buscamos con el ejercicio, poco a poco vamos explicando los movimientos, las reglas, las directrices y vamos, en dicha explicación, soltando pequeñas migas de lo que buscamos. Lo habitual, si eres un buen orador, es que llegue un momento de
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la explicación en la que algún jugador te diga: “entonces son coberturas”. En ese preciso instante, esa sensación de felicidad que te recorre el cuerpo, te das cuenta de que estás haciendo las cosas bien, eres capaz de llegar a tus jugadores, te prestan atención y están aprendiendo lo que quieres de ellos, y lo mejor es que tú no se lo has dicho, lo han averiguado ellos. Este tipo de aprendizaje es mucho mejor porque es el jugador el que llega a la solución, no tú quien se la da. No siempre lo vas a conseguir, pero cuando lo consigues tu satisfacción es mayor que la de un gol en el minuto 90. Con esto no solo estamos entrenando a nuestros jugadores, nos estamos entrenando a nosotros mismos, es un gran reto preparar más de 200 tareas distintas una temporada para que hagamos pensar a los jugadores cada día el por qué hacemos esto y que conseguimos al hacerlo. Y realmente conseguir esto son horas de trabajo fuera del campo pensando, indagando y buscando nuevas ideas cada día. Después de más de una hora de entrenamiento llega la vuelta a la calma, podemos crear alguna tarea de velocidad de reacción para que los músculos hagan un último esfuerzo antes de relajarse, el famoso binomio de contracciónrelajación. No abusar de esto en todos los entrenamientos también es importante ya que el cuerpo puede responder de forma distinta según mil aspectos (meteorología, día de la semana, estado anímico del jugador…). Pero lo que, según mi opinión, es innegable y muy importante es terminar la sesión con unos estiramientos pero de forma muy distendida. Por ejemplo, colocar los jugadores en un corrillo en torno al entrenador mientras realizan estiramientos estáticos aprovechando este momento para charlar sobre el partido de la semana pasada, el rival que vamos a tener el siguiente fin de
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semana o incluso hablar sobre cosas no relacionadas. Crear un vínculo entre los jugadores y el entrenador que vaya más allá de la dictadura de yo mando y vosotros obedecéis. Se puede hablar sobre las sensaciones del entrenamiento, de cómo se encuentran, incluso de si vieron el partido del Madrid o del Barça de esa jornada. Lo más importante es que los jugadores se vayan al vestuario contentos, sintiendo que se han divertido y que tengan ganas de volver. Esta lista nos ordena como debe ser cada entrenamiento, y nos indica cómo debemos de desordenar las tareas para crear una pequeña confusión en los jugadores que les provoque interés y sobre todo ganas de entrenar. A mayores de todo esto, es importante que, de vez en cuando, hagamos algún día de entrenamiento en el que debemos olvidarnos de todo este orden y crear entrenamientos distintos. Variaciones de lugar, de metodología o incluso de deporte; bien sea por necesidades físicas, bien sea por necesidades tácticas, bien por necesidades psicológicas, o simplemente por crear un cambio evitando la tediosa monotonía. Una buena idea sería en época de descanso, una semana sin partido, el siguiente día de entrenamiento tras el último partido del año, en un momento de la temporada donde los jugadores estén con sobrecargas o varias lesiones, podríamos realizar un entrenamiento en piscina. Una hora de entrenamiento en el que primero realizaríamos unos ejercicios de aquagym, posteriormente algún juego colectivo que requiera de un esfuerzo en el agua para terminar el entrenamiento con unos 15 minutos “de regalo” donde
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puedan disfrutar de la convivencia en un ambiente distinto del habitual. Otro ejemplo, sobre todo en futbol base pero también válido en fútbol senior, sería un ejercicio de multideportividad. Una idea sería llevar a los jugadores un día a un pabellón y realizar un entrenamiento de baloncesto. Aquí, aparte de mantener la intensidad y rigor de un entrenamiento normal, debemos hacer muchísimo hincapié en explicar los motivos de dicho entrenamiento a los jugadores. Y pongo el ejemplo del baloncesto porque en este deporte los movimientos son más rápido y mucho más repetidos que en el fútbol con lo cual un aspecto como la movilidad, los desmarques y los espacios son fácilmente entrenables por lo anteriormente dicho, las jugadas de ataque y defensa son muy repetitivas, las dimensiones son más reducidas y lo que queremos entrenar se provoca continuamente. Y como no, las sesiones de vídeo, algo que tanto nos parece de fútbol de élite pero que nos puede ayudar muchísimo en el fútbol base o en cualquier nivel. Preparar una sesión de vídeo conlleva incluso más tiempo que una sesión normal. Elegir el video, remarcar las acciones que nos interesan, y si ya somos unos eruditos en el tema, editar el video demostrando los detalles en los que queremos hacer énfasis para, una vez en la sesión, nos ayude a mostrarles a los jugadores lo que queremos. En estas sesiones podemos usar vídeos del rival (si disponemos de ellos), vídeos de nuestro anterior partido o si no tenemos los medios para poder grabarlos, podemos usar vídeos de partidos de élite; pero con estos últimos debemos de tener cuidado, hacer hincapié en que no les estamos pidiendo que hagan lo mismo que hacen
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los jugadores de élite, sino que esa es la excelencia a llegar y que los entrenamientos son los medios para conseguirlo. O incluso podemos buscar errores graves en estos partidos de élite para que vean que el error es algo con lo que tenemos que vivir, que siempre va a estar y hay que saber lidiar con él.
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Preparando el partido o cómo colocar las piezas (En busca del éxito)

 

La preparación del partido es el momento en el que los entrenadores de fútbol nos convertimos en verdaderos maestros ajedrecistas y como dice el refrán cada maestrillo tiene su librillo. En mi caso, este proceso, en su etapa final, me suele llevar alrededor de una hora, pero realmente el partido lo comienzo a preparar cuando el árbitro pita el final del partido anterior. Está claro que la preparación de un partido es uno de los aspectos que más se diferencian según la categoría que estemos entrenando. Es muy diferente preparar los partidos de un equipo benjamín que prepararlos en una categoría senior; por lo cual vamos a empezar este capítulo diferenciando las diferentes etapas de crecimiento deportivo que yo valoro. Desde que existen los estudios de la ciencia del deporte podemos ver diferentes clasificaciones según edades; cada autor de estos estudios pone sus límites en una edad o en otra pero todos llegan a la conclusión de que el interés competitivo debe de reforzarse tras la pubertad y nunca antes. Está claro que hay otro aspecto a tener en cuenta y esa es la filosofía que tiene cada club, si es que la tiene, sobre su formación en el fútbol base. Esto aspecto es algo que tenemos que tener bien claro cuando fichamos por un equipo y, aunque no estemos al 100% de acuerdo, y podamos debatir con el coordinador de turno, debemos de aceptar relativamente
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porque un hombre no es quien de modificar las ideas de una entidad. Ahora vamos a mi clasificación. El primer punto importante es el género del equipo, nunca será lo mismo entrenar un equipo masculino que uno femenino, las categorías por edades en el fútbol masculino llevan implantadas muchos años y están más que arraigadas en la cultura del fútbol; pero en el fútbol femenino, a pesar de su auge en la última década, estamos todavía en un proceso adaptativo que conlleva cambios casi cada temporada. Prácticamente no existe futbol base femenino por falta de jugadoras, por lo menos en Galicia, lo que conlleva que los equipos senior se formen con jugadoras desde los 13 años, esto provoca ver partidos de niñas de 13 años contra mujeres de 35 o 40 años con las diferencias fisiológicas latentes. Debido a esto el proceso formativo de las jugadoras no está terminado cuando llegan a su mayor categoría en donde, supuestamente, deberían ya haber alcanzado el proceso competitivo. En fútbol masculino sí que disponemos de una categorización mayor, prebenjamines, benjamines, alevines, infantiles, cadetes, juveniles y senior. Estamos hablando de una diferencia de cuatro categorías formativas y 6 años de diferencia. Desde su inicio en las escuelas de fútbol hasta la categoría infantil debemos de considerar los partidos como un entrenamiento más con una mayor intensidad. En estas etapas convivimos con niños en pleno crecimiento tanto físico, como mental, y debemos aprovechar eso para que absorban toda la información posible; en estas edades implantar ideas
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competitivas es más perjudicial que válido. Con lo cual a la hora de preparar los partidos debemos de intentar contar con la mayor cantidad de jugadores y darles minutos a todos los jugadores, porque como hemos dicho, es un entrenamiento más. Es posible que la filosofía del club nos exija competir, sobre todo si el equipo infantil esta en categoría autonómica, pero debemos pensar en nuestros jugadores, en que son niños y que lo único que ellos buscan es divertirse, y nosotros que mejoren como jugadores. A partir de la edad cadete en masculino, y en categoría senior femenina (que todavía disponemos de jugadoras infantiles), debemos de darle más interés al aspecto competitivo. Esto es debido a que con la pubertad, las personas desarrollan por su cuenta esta idea, sus éxitos se basan en ser mejor que otros, no que ellos mismos, es una época de egoísmo, los estudios así lo demuestran, y nosotros no podemos luchar contra eso, con lo cual debemos de aprovecharlo. No es fácil, hay que ser muy inteligente y jugar con sus ideas para evitar que dicho egoísmo natural sea motivacional y no un lecho de conflictos. Cuando preparamos un partido en estas etapas, incluido senior, lo primero que debemos dejar claro a los jugadores es que es posible que no todos vayan a participar, generar una idea de colectivo, de que nuestras decisiones van en favor del equipo y que si un jugador no va convocado, o se pasa el partido en el banquillo, es un hecho que puede variar de una semana a otra y que nadie debe de sentirse acomodado y bajar su intensidad en los entrenamientos. Una vez dejado claro este aspecto y tras trabajar psicológicamente con los jugadores desde los primeros
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momentos de la temporada, ya podemos concentrar todos nuestros pensamientos en el proceso preparatorio. Un proceso que comienza a principio de la semana. Lo primero es analizar a nuestro próximo rival. Muchas veces por falta de tiempo o por coincidencia de horarios no podemos ver partidos de los demás equipos y realizar el análisis que deberíamos, pero a pesar de ello, en la actualidad, disponemos de herramientas para identificar como puede jugar nuestro rival por medio de la estadística y las matemáticas; aunque siempre hay que contar con el factor diferencial de que cada partido es un mundo. Pero el tema del entrenador analista lo vamos a ampliar en otro capítulo. Una vez conocemos, o creemos conocer, a nuestro rival debemos de valorar como plantear el partido contra ellos pero siempre manteniendo nuestra identidad. Recordar que si hemos hecho bien nuestro trabajo durante los entrenamientos nuestro equipo está formado bajo un morfomodelo de juego, basado en las características de nuestros jugadores. Este hecho no debe de variarse nunca, juguemos contra un equipo que se basa en la posesión del balón o en el juego directo nosotros debemos mantener nuestras ideas en el partido, de lo contrario, los cambios, generarían ese odioso estrés en los jugadores por adaptarse a algo nuevo y la derrota será el final esperado. Cuando llegamos a este paso conocemos los puntos fuertes del rival, así que lo que debemos es analizar a nuestro equipo, identificar los errores cometidos en el partido de la semana anterior, conocer los estados motivacionales de nuestros jugadores durante la semana y a partir de todos esos datos decidir qué aspectos técnicos, tácticos y físicos debemos de perfeccionar para llegar al partido con los fallos corregidos
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y las ideas bien claras. Si realizamos esto de forma correcta, cuando lleguemos al partido habrá muchas situaciones en las que se encuentren los jugadores, que les sean familiares y sepan responderlas de la manera más efectiva. Parece sencillo pero realmente estamos prediciendo el futuro y, lógicamente, es algo improbable, pero con la experiencia e inteligencia que nos da el tiempo os daréis cuenta de que improbable no es un sinónimo de imposible. Llegamos al último entrenamiento de la semana, algunos entrenadores deciden dar la convocatoria al final de dicho entrenamiento y otros prefieren darla el día siguiente mediante un mensaje de whatsapp. Yo prefiero retrasar esta comunicación hasta el último momento posible para tener más tiempo para poder ajustar mis ideas. Pero esto a veces es contradictorio porque al fin y al cabo, trabajamos con personas y si no vas a disponer de su tiempo, no se lo robes. De todas formas, si haces bien tu trabajo, muchos jugadores no convocados habrán adquirido ese sentimiento de equipo y acabarán yendo al campo a animar a sus compañeros. Según las ideas definidas haremos publica nuestra convocatoria, introduciendo en ella los jugadores que más adecuen sus capacidades a lo que vamos a buscar en el partido; o más bien a lo que queremos buscar. Extremos con velocidad si vamos a buscar juego directo con amplitud, interiores de toque si queremos mantener posesiones largas y desgastar al rival, delanteros rematadores si vamos a colgar balones, delanteros con calidad si vamos a intentar mover a su defensa con pases entre líneas; un sinfín de combinaciones. Pero debemos también convocar a algún jugador que nos de opciones distintas por si el partido cambia durante su transcurso o si no hemos equivocado con nuestros análisis.
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La convocatoria la realizaremos basándonos en el once ideal. No podemos convocar a 16 jugadores y después elegir a los 11 que comenzarán, esto es debido a que la idea de cómo queremos que sea el partido ya la tenemos, así que debemos de saber con quién vamos a jugar. Una vez decididos los 11 procedemos a dibujar en nuestra mente qué puede salir mal (táctica distinta del rival, lesiones, faltas de concentración…). Y analizando esto es cuando decidimos los 5 jugadores que nos van a ayudar cuando las cosas no salen como queremos. Muchos entrenadores no analizan esto y deciden los 5 suplentes simplemente por relleno o basados en “premios” por asistir a los entrenamientos o por portarse bien con los compañeros. Esto es un error, si colocamos en el campo los once jugadores que nos van a hacer jugar como queremos, debemos de pensar muy bien quienes son los cinco jugadores que nos van a sacar las castañas del fuego. Una vez realizada la convocatoria nos queda preparar las charlas; y sí digo las charlas en plural porque debemos de dar dos charlas antes de cada partido. La primera que todo jugador sabe que le va a dar el entrenador a la llegada al campo (o antes si realizamos concentraciones) y otra que el jugador no espera, o no se da cuenta de que es una charla preparada, antes de salir al campo. La primera charla que damos a la llegada al campo es la que sigue tras hace pública la alineación, en ella exponemos nuestro análisis del rival, indicamos sus puntos débiles y nuestros puntos fuertes, le pedimos a los jugadores lo que queremos de ellos, siempre referenciando los entrenamientos para que tranquilizarlos haciendo que se den cuenta de que lo que le demandamos es algo que ya saben hacer, no un supuesto nuevo que los llene de nervios por si lo hacen mal.
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Tenemos que concienciar a los jugadores de que lo que se van a encontrar en el campo es algo que está previsto y que ellos pueden manejar pero sin caer en la relajación. Esta charla no debe de exceder más de 10-15 minutos como mucho porque los jugadores están en un estado de ansiedad por salir al campo y tocar el balón, aumentar mucho el tiempo de la verba provocaría desatención y que nuestro mensaje no llegue a los jugadores. Una vez terminada salimos al campo a realizar el calentamiento (algo que trataremos en el capítulo siguiente). Una vez terminado el calentamiento, volvemos al vestuario para prepararnos. Este es un momento muy crucial, el jugador ha subido su temperatura corporal, las hormonas se han disparado y esos 10 minutos hasta salir de nuevo al campo la tensión se dispara y el ambiente se llena de voces en alto y arengas. Es el momento de nuestra segunda charla encubierta. Una charla preparada con anterioridad basada en la motivación, debemos de jugar con las mentes de nuestros jugadores, convenciéndolos de lo que son capaces de hacer, de la necesidad de ser un equipo y de luchar por los intereses comunes. Pero mucho cuidado con la sobrexcitación, hay que decir las palabras exactas para generar un binomio bien equilibrado entre concentración e intensidad. Es un trabajo psicológico muy difícil que lo tenemos que plasmar en cinco o seis frases que se claven en la cabeza de todos los componentes del equipo. Tras todo este proceso llega el momento de salir al campo, poner en práctica todo lo realizado durante la semana y dejar en mano de nuestros jugadores el resultado de nuestro trabajo. Pero no nos equivoquemos, nuestro trabajo semanal
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no ha terminado, simplemente hemos terminado de estudiar nuestros apuntes y nos disponemos a empezar a responder las preguntas de nuestro examen. Llegamos a la búsqueda de éxito pero todavía no hemos encontrado el premio que buscamos. Llega el pitido inicial.
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El calentamiento pre-partido. Encendiendo motores (2 Fast 2 Furious)

 

He decidido separar este capítulo del anterior porque considero que merece un tratamiento especial. El calentamiento pre-partido es un mundo digno de estudio. Existen miles de ideas, estudios por preparadores físicos, escritos de grandes entrenadores… y todos y cada uno de ellos son distintos en forma pero con unas ideas comunes. En este episodio, igual que en el resto de este escrito, voy a basarme en mi idea; lo que yo creo ideal para los calentamientos. Empecemos definiendo que es y para que vale el calentamiento. Creo que no hay mucha discusión sobre esto porque su propio nombre comienza a definirlo, es el proceso por el cual conseguimos elevar la temperatura corporal con el fin de adaptar el cuerpo en general, y sus músculos en particular, a la actividad que vamos a realizar a continuación. Pero no nos quedemos sólo con eso. El calentamiento tiene más funciones preparatorias. Lo comenzamos tras una charla en la que, en resumen, les hemos dicho a los jugadores lo que tienen que hacer para ganar; con lo cual los jugadores salen aquí excitados, con los ánimos por las nubes, con unas ganas enormes de golpear el balón; y eso es lo que les damos. La posibilidad de bajar esa ansiedad para no tenerla en el inicio de partido. Liberar la mente de intranquilidades para poder centrarse en lo importante.
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Debemos de tener en cuenta a la hora de planificar el calentamiento las condiciones climatológicas. Un calentamiento bajo la lluvia debe de ser más corto, pero más intenso, que un calentamiento en condiciones soleadas. Esto es porque la diferencia de temperatura alcanzada por el cuerpo con la temperatura exterior es tan grande que su enfriamiento es mucho más rápido y evitamos las mejoras que buscábamos conseguir. Una vez definida la duración de dicho calentamiento debemos desglosarlo en varias partes. La primera de ellas es un calentamiento global del cuerpo con un pequeño trote de dos o tres minutos, este trote podemos cambiarlo por movimientos continuos con balón de todos los jugadores pero corremos el riesgo de que algún jugador simplemente golpee el balón y no se mueva por lo que yo prefiero realizar el trote. Después de esto, pasamos a unos ejercicios de movilidad articular, realizándolos de forma lineal iniciándolos sobre las articulaciones inferiores (tobillos, rodillas…) e ir subiendo progresivamente hasta llegar al cuello. Este apartado es importante porque si no se realiza, o se realiza mal, ciertas articulaciones a las que no solemos prestar mucha atención van a sufrir mucho durante los primeros minutos del partido al recibir un estrés fuerte; y esto fácilmente conllevaría alguna lesión que fácilmente podríamos haber evitado. Esta fase nos llevará unos tres o cuatro minutos. Llegados a este punto hemos elevado unos grados la temperatura corporal pero ya han pasado más de 5 minutos y el jugador “se muere” por el balón, se empieza a aburrir y perder interés; por lo que a partir de este momento
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introducimos este elemento en los ejercicios. Realizamos algún tipo de ejercicio técnico que bien podría ser pases, para ello podemos colocar a los jugadores en sus posiciones en el campo y que muevan uno o dos balones entre ellos con movilidades, o podemos crear una tarea de una rueda de pases típica de un entrenamiento, o mi preferido, un círculo con todos los jugadores y que se vayan pasando el balón entre ellos intercambiando las posiciones. Con este último evitamos grupos porque todos se ven la cara, consigues poder ver a todos los jugadores y que nadie quede a tu espalda y “vaguee”. Añadiendo la movilidad de ir a donde pasa provoca una necesidad de decidir a donde pasar el balón y no pasar por pasar a donde sea. Y por último si se incluyen dos balones en un círculo de 10 jugadores, divides las posibilidades de pase y provocas que los jugadores tengan que asimilar la mejor opción de pase. Aprovechando el círculo podemos añadir una segunda tarea técnica que sería un rondo, meteríamos a dos jugadores dentro con la máxima de dos toques como mucho y sale el jugador que más tiempo lleve dentro. Estas dos tareas técnicas reducen la tensión de jugar con el balón y hemos seguido elevando la temperatura y la motivación. Su duración sumando las dos tareas y un tiempo de recuperación entre ellas debe ser entre 3 y 5 minutos Ahora es el momento de hacer feliz al jugador, tras estas tareas vamos a delimitar un rectángulo en el campo de unos 20x25, en caso de que no dispongamos de material y el campo tenga pintadas las medidas de futbol 7 podemos usar la zona de fuera de juego evitando que se separen mucho. Y dentro de esta zona realizamos una posesión enfrentando 5 jugadores de ataca contra 5 jugadores de defensa, es obvio que
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lo más habitual es que la posesión la mantengan los jugadores de ataque pero de esta forma cada grupo se habitúa a sus funciones durante el partido. Esta es la tarea del calentamiento que más requiere de la atención del entrenador, debemos de dar instrucciones, realizar correcciones y mantener a todos los jugadores en tensión para que nadie baje la guardia. Para evitar el cansancio en este momento dividiremos el ejercicio en dos partes de unos tres minutos cada una con unos treinta segundos de recuperación. Llegados a este punto las condiciones físicas de los jugadores están en su punto más alto por lo que pasamos a realizar una tarea de finalizaciones con disparos a portería, con esto conseguimos divertir al jugador porque a todo el mundo le gusta meter goles, y a su vez bajar la tensión psicológica. Hay que tener cuidado con esta tarea porque si hacemos una fila de 10 jugadores van a bajar esa temperatura corporal y estropearemos lo que hemos conseguido durante los ejercicios anteriores, una buena idea para evitar esto es crear finalizaciones con paredes o centros, con lo cual los jugadores salen de dos en dos y solo tardan 5 ciclos en volver a tener contacto con el balón. Tras los 3 o 4 minutos que durarán las finalizaciones llegamos al final del calentamiento, en el que realizaremos uno o dos ejercicios de velocidad de reacción (de 30 segundos a un minuto). La finalidad de esto es darle un último momento de explosión a los músculos para que no se relajen de forma progresiva sino que se adecuen para realizar los típicos cambios de ritmo que ocurren durante el partido. Un ejemplo son ejercicios de equilibro tipo pliometría seguidos de un sprint corto, repetirlos dos o tres veces y terminar con un sprint hacia el vestuario para que el camino hacia él no nos provoque la pérdida de calor. La suma de todas las fases del calentamiento debe de rondar los 20 minutos, en mi caso particular son 22 minutos que los controlo mediante un pulsómetro en el que he creado una entrenamiento de intervalos para remarcar el tiempo de cada tarea y sus tiempos de recuperación. Pero todo esto puede variar, como hemos dicho, por motivos climatológicos, por los jugadores, o incluso por otros elementos externos; y debemos estar preparados para modificarlo y darle más importancia a algunas partes que a otras.

El partido. Los porqués de todo (El sentido de la vida)

Llegamos al momento de salir al campo y oír ese sonido que sale del silbado del árbitro y que llevamos esperando desde el fin de semana anterior. Alguno pensará que se acabó nuestro trabajo semanal y ahora solo queda ver los resultados de todo lo que hemos estado haciendo en cada sesión. Nada más lejos de la realidad. En cuanto empieza el partido el entrenador deja de ser un profesor o un formador que le da las herramientas a sus jugadores para mejorar y conseguir llegar a su meta y se convierte en un analista, un verdadero comandante que debe de mantener a sus tropas en orden mientras estudia las estrategias de su rival con la intención de contrarrestarlas o directamente evitarlas. Y si hablamos de futbol base el trabajo es mucho mayor, porque aparte de todo esto tiene que estar corrigiendo continuamente a sus jugadores para que mantengan posiciones, ocupen espacios, no pierdan el ritmo del juego y ayudar a tomar las mejores decisiones posibles, siempre evitando coartar la imaginación del propio jugador. Pero vamos a hablar la parte de análisis. Ver un partido como lo ve un entrenador es algo muy complicado. Lo primero es abstraerse del fanatismo que cualquiera de nosotros tiene con su propio equipo. Debemos de dejar de ser seguidores y evitar cualquier sentimiento que no nos permita ser imparciales. Esta parte es de las más difíciles, ¿cómo conseguir no sentir ganas de gritar gol cuando tu delantero tiene el balón dentro del área y solo le falta batir al portero? Con el tiempo se consigue, pero cuesta. Lo segundo es, nada más iniciar el partido o incluso antes del pitido inicial, verificar que tus notas sobre el rival se ven reflejadas en el campo, el sistema, los jugadores; y en cuanto pite el colegiado ver si inician como pensábamos (presión alta, control del balón, juego directo). Si todo va como pensábamos o como habíamos analizado perfecto, si por el contrario hay cambios, debemos de verificar que se repiten durante dos o tres jugadas y en caso necesario informar a nuestros jugadores y valorar alguna posible variación de nuestra idea inicial. A cada instrucción nuestra debemos de ver cómo responde el rival y actuar en consecuencia. Si le pedimos a nuestro delantero que presione a los centrales rivales porque salen jugando por el centro, debemos de estar atentos a si los rivales deciden jugar en largo (entonces fortaleces las coberturas en los saltos a balones divididos en el medio campo), o si deciden salir jugando con los laterales (entonces informas a los interiores que se abran para ayudar a los pivotes a crear situaciones de 2 contra 1). Parece una tarea sencilla ¿verdad? Es simplemente seguir el famoso principio de Newton de acción-reacción. Entonces ¿por qué digo que es complicado? Porque esta es solo una de las partes de nuestro trabajo durante el partido. Igual que nosotros analizamos a nuestro rival su entrenador hace lo mismo, y siempre va a encontrar alguna debilidad. ¿Cómo evitamos que se aproveche de ellas? Pues encontrándolas nosotros antes que ellos. Mientras analizamos a nuestro rival debemos analizarnos a nosotros mismos. Si nuestros jugadores siguen las directrices que les hemos dado, si mantienen la concentración durante todo el partido, si alguien no está teniendo su día, o si el rival nos está provocando dichos errores. Y una vez que localizamos dichos problemas actuar inmediatamente antes de que el entrenador rival mueva sus fichas y sea demasiado tarde. Debemos de ser concisos en las instrucciones, darla claras y entendibles, no extenderse mucho, que el jugador sepa lo que tiene que hacer con una frase de tres palabras. “¡Está de espaldas!”, a lo que el jugador sabe que tiene que presionar, pegarse al rival, evitar que se gire y obligarlo a jugar hacia atrás. Esto se consigue día tras día en los entrenamientos, pero ayuda mucho crear un vínculo entre entrenador y jugador, un vínculo de respeto en el que el jugador se sienta cómodo y entienda que el entrenador ve cosas que él no ha visto y confía en su decisión. Llegamos al descanso, los jugadores entran en el vestuario hablando entre ellos, recriminándose errores o, si vamos ganando, con un ambiente de bromas, pero siempre alguien le dice algo a otro. Nunca debemos de interrumpir este diálogo, es más es perfecto que exista, tengan razón o no deben de hablar entre ellos. El descanso es de 10 a 15 minutos, podemos ignorar los 4 primeros minutos dejando solos a los jugadores en el vestuario para posteriormente entrar el entrenador. Con esto conseguimos que nuestra entrada sea importante, no entramos como uno más con todos, sino que entramos solo y todos nos ven. Esto suele provocar un silencio en el vestuario esperando que comencemos a hablar. Ahora es cuando damos nuestra versión analítica de la primera parte, que se hizo mal, que se hizo bien y sobre todo
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que está haciendo el rival. No debemos de reñir a un jugador de forma individual por un error, debemos de hacerle ver porque falló y evitar que lo vuelva a cometer. Si lo consideramos oportuno les comentamos los cambios de posiciones, de táctica o de jugadores que vamos a hacer. Nunca mandamos a un jugador suplente a calentar mientras no hayamos explicado a todos, incluido a él, porqué va a salir. Pasada la parte crítica, siempre constructiva, pasamos a la parte motivacional, repetimos con otras palabras los cambios dándole un matiz positivo. Por ejemplo, “vamos a jugar balones altos a la espalda de su lateral derecho porque es lento y tú, Manuel, eres un extremo muy rápido y te lo vas a comer con patatas”. Tenemos que introducir en la mente de nuestros jugadores que la segunda parte se puede hacer mejor que la primera y que vamos a dominar al rival porque ya sabemos lo que van a hacer. Y cuando llega el momento de salir de nuevo al campo debemos subir el volumen de nuestra voz, dar dos palmadas y generar una nueva euforia que conlleve ansias de salir al campo con las fuerzas renovadas. El poder del sonido es fundamental. Llega el comienzo de la segunda parte y repetimos el mismo guion de la primera parte. Analizar a nuestro rival, los posibles cambios que haya realizado en el descanso, tanto de jugadores como tácticos; analizar a nuestro equipo, si se consolidan nuestras instrucciones del descanso sin olvidar las ideas iniciales; y rectificar posibles errores de nuestros jugadores, bien sea con correcciones o bien realizando cambios de jugadores.
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Por último termina el partido. Se acabó la semana y debemos de empezar a plantear como vamos a enfocar la siguiente semana de entrenamiento. Felicitamos a los jugadores por su esfuerzo, alabamos los éxitos y quitamos importancia a los errores; nos despedimos de los jugadores y mientras ellos se duchan en los vestuarios nosotros nos apartamos para tener una charla distendida con nuestro cuerpo técnico. Nunca debemos entrar en el vestuario a dar una charla post partido, esto es debido a que nuestros nervios están a flor de piel, tenemos la cabeza caliente y los jugadores se encuentran en la misma situación o incluso peor. Y podemos decirles algo a los jugadores con las palabras erróneas o el jugador respondernos de una forma no deseada. Es preferible que dejemos esta charla para el primer entrenamiento de la semana cuando todos hayamos asimilado bien lo ocurrido, tanto para bien como para mal. A mayores de esto, y ya debido a mi afán por los números, considero interesante que nuestro delegado lleve un control estadístico durante los partidos en el que anote goles, asistencias, tarjetas, pases clave, minutos, cambios… y posibles notas que yo le vaya indicando. Este documento además de servirle de control a la hora de verificar los datos del acta arbitral nos puede servir a nosotros para valorar estadísticamente a nuestros jugadores.
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El análisis del rival. Cómo, cuándo y dónde (Minority Report)

Analizar a un rival antes del partido es una parte importante cuando estamos en un equipo competitivo. Es el trabajo en la sombra que facilita a los jugadores las tareas durante el partido porque ya conocen lo que sus contrarios van a hacer. Pero conseguir un buen análisis es un cometido muy complicado. A no ser que estemos en fútbol profesional y tengamos en nuestro cuerpo técnico un analista, las tareas de análisis las tendremos que realizar nosotros mismo. Y muchas veces no podemos ver partidos de nuestros rivales debido a que coinciden en horario con los nuestros. Por lo que este capítulo lo vamos a desgranar en varias partes. Empezaremos con las claves para realizar un buen análisis, seguiremos con cómo realizar dicho análisis y terminaremos con cómo realizar un análisis de un equipo sin disponer de imágenes de sus partidos. ¿En qué consiste un buen análisis? Lo primero, y más importante, es que si no vamos a realizar nosotros mismos el análisis debe de hacerlo una persona de confianza que vea el fútbol como lo vemos nosotros, nuestro segundo entrenador, un analista que lleva tiempo con nosotros… Porque cada persona ve el fútbol a su modo y le presta más atención a una cosas que a otras. Dos personas pueden analizar a un mismo equipo en un mismo partido y sus resultados ser relativamente distintos. También debemos tener en cuenta que un buen análisis no se debe de hacer sobre un solo partido porque los
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equipos puedes variar sus estilos según el rival, está claro que la base de un equipo seguramente sea la misma en cada partido, pero según se desarrollo puede que haya aspectos que no pueden realizar y consecuentemente no aparecerán en el análisis de ese partido; y detalles como sanciones o lesiones pueden variar también ciertos aspectos del juego. Una vez localizada la utopía de disponer de un analista que vaya a ver dos o tres partidos de un rival concreto pasamos a ver qué puntos importantes tiene que tener el análisis ideal. En el informe del análisis debemos de dejar muy claros distintos aspectos y para ello tenemos que jerarquizar toda la información de forma que sea accesible y de fácil comprensión. Un ejemplo claro de cada apartado y de lo destacable en cada uno sería el siguiente que voy a estructurar. Es el análisis típico que suelo hacer cuando voy a ver un partido. 1. Información del partido a. Rival y competición b. Fecha y hora c. Lugar d. Convocatoria y posición de cada jugador e. Sistema i. Sistema inicial en el que se basa el equipo ii. Comprobar si el equipo mantiene el sistema o varia las posiciones con movilidades iii. Cambios de sistema durante el partido y motivos de los cambios
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f. Estadísticas del partido i. Goles con su resumen escrito ii. Amonestaciones con sus explicación iii. Expulsiones y explicación iv. Cambios realizados y valoración de dichos cambios haciendo hincapié en los cambios tácticos que motivaron dichas sustituciones. g. Jugadores destacados 2. Estilo de juego a. Aspectos defensivos i. Presión (intensa, individual, en que zona del campo) ii. Repliegue (grupal o individual, hasta que zona) iii. Distancia entre líneas b. Aspectos ofensivos i. Ocupación (amplitud, profundidad) ii. Tipo de juego (asociativo, directo) iii. Distancia entre líneas c. Transición defensa-ataque (contragolpe, balón jugado) d. Transición ataque-defensa (repliegue, presión individual o grupal) 3. Descripción por líneas a. Línea defensiva i. Aspectos defensivos 1. Lado débil 2. Coberturas 3. Juego aéreo 4. Centrales y laterales 5. Portero
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ii. Aspectos ofensivos 1. Incorporaciones 2. Inicio de jugadas 3. Jugador más débil 4. Jugador más buscado b. Línea media i. Aspectos defensivos 1. Características de los jugadores 2. Coberturas 3. Situación de los jugadores exteriores ii. Aspectos ofensivos 1. Canalización del juego 2. Llegada de segunda línea 3. Actuación de los jugadores exteriores c. Línea atacante i. Aspectos defensivos 1. Trabajo en defensa 2. Repliegue ii. Aspectos ofensivos 1. Juego aéreo 2. Desmarques 3. Movilidad 4. Acciones a balón parado a. Ofensivas i. Córners (en corto, al primer palo, al segundo, movilidades, gente que se queda fuera para defender pérdidas, señas del lanzador)
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ii. Faltas frontales (estrategias, jugador lanzador, jugadores al rechace, jugadores que se quedan) iii. Faltas laterales (estrategias, jugador que se busca) iv. Saques de banda (en corto, en largo, con desmarques, en estático) v. Penaltis (jugador, zona de disparo) b. Defensivas i. Córners (defensa al hombre, en zona, cantidad e jugadores) ii. Faltas frontales (barrera, marcajes, jugadores que quedan arriba) iii. Faltas laterales (barrera, defensa en zona, marcajes individuales) iv. Saques de banda (basculaciones, coberturas, marcajes) v. Penaltis (el portero aguanta, hacia donde se tira) Este es el modelo que yo uso para realizar los informes de mis análisis. Como veis es bastante completo y nos da muchísima información sobre nuestros rivales. Pero como dije con anterioridad, a pesar de usar el mismo modelo seguramente dos personas harían un informe bastante distinto por su forma de ver el fútbol y prestar más atención a unos detalles que a otros. Ahora vamos con cómo podemos rellenar este modelo. Lo ideal, volviendo a la utopía de poder disponer de todos los recursos que queramos es poder grabar el partido con una cámara con una perspectiva global e ir pausando poco a poco y tomando notas de todos los aspectos del
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modelo anterior. Pero no siempre podemos hacer esto y a veces no tenemos ni tiempo de ver dichas imágenes. Entonces, ¿cómo hacer esto en directo en el propio campo de fútbol? Lo que suelo hacer es planear bien mi forma de analizar, intento ir con alguien, con una persona del mundo del fútbol con la que poder discutir y debatir sobre el partido, como hemos dicho no todos vemos el fútbol igual, y debatiendo podemos darnos cuentas de cosas que han llamado la atención a la otra persona y a ti no. Es importante llegar al campo con tiempo suficiente, así podremos incluso ver el tipo de calentamiento que hace nuestro rival y fijarse en los aspectos físicos de los jugadores. La posición que elijamos en la grada también es importante, nunca colocarse en el medio del campo porque es donde tenemos todo lejos. Nos colocaremos en una zona equivalente a los tres cuartos de campo, de esta forma durante una parte podremos ver fácilmente los movimientos de la línea defensiva y sus escalonamientos y durante la otra parte nos podremos fijar en los movimientos de los jugadores de ataque en relación a la defensa rival. No dejar de ver el partido y, recordando nuestro esquema, centrar la atención en cada punto de vez en cuando. Mirar cómo se comporta la defensa cuando el balón está en el área contraria. Mirar al delantero cuando hay una jugada cerca de la otra portería. En este punto es gracioso ver a toda la grada mirando hacia un lado del campo y tú fijándote en el lado contrario.
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Y mientras realizas todo esto debes de tomar pequeñas notas, cortas y concisas que posteriormente vas a desarrollar en tu informe. En el descanso viene muy bien para descansar la cabeza de centrar tanto la atención realizar un juego. Intentar adivinar si va a haber cambios de jugadores, si el entrenador se ha dado cuenta de ciertas debilidades y cómo va a solucionarlas y del posible resultado del partido. Una vez finalizado el partido no debemos retrasar mucho la redacción del informe. Si es posible habría que realizarlo una vez llegamos a casa para evitar olvidarnos de algún detalle. Y cuando lo tengamos finalizado leerlo un par de veces intentando recordar todo el partido por si nos falta algo reseñable. Y por último es el día siguiente cuando nos paramos con el informe delante y decidimos que debemos entrenar durante la semana del partido contra este rival y los detalles que son necesarios que conozcan nuestros jugadores.

El final de la temporada. Echando cuentas (La decisión)

Tras una larga temporada llena de entrenamientos y partidos llegamos al final de la temporada. Es el momento de llegar a las conclusiones finales. De poner todas las cartas sobre la mesa y decidir si nuestra temporada ha sido un éxito o hemos fracasado. ¿Pero en que nos basamos pasa saber si hemos triunfado o no? ¿En los resultados? Graso error. Todo el mundo piensa que los resultados son lo más importante. Pero siendo entrenadores tenemos que darnos cuenta de otra cosa. Lo importante son los jugadores. En las etapas formativas debemos de valorar las capacidades de nuestros jugadores, si han evolucionado su técnica, su inteligencia táctica, su físico. En resumen, si hemos conseguido que sean mejores jugadores. En las etapas competitivas también debemos de valorar a nuestros jugadores pero más a nivel global, está claro que si no hemos ganado ningún partido algo mal habremos hecho, pero aunque nuestro club nos va a valorar por los resultados debemos de ser lo suficientemente íntegros para valorarnos por los progresos del equipo, de saber si hemos sido capaces de inculcar nuestras ideas y de conseguir que el equipo juegue a lo que hemos pretendido. No debemos de obsesionarnos con los puntos, con los goles o con la clasificación… Los que te han criticado durante la temporada cambiarán de opinión con los resultados; y los que te han alabado poniéndote sobre las nubes son los primeros que te reprocharán en los momentos
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malos. Estas críticas no nos aportan nada. Son tus propios jugadores los que debes usar para autoevaluarte. Hablar con ellos y sacar conclusiones de sus respuestas. ¿Les has exigido cosas que no les has enseñado? ¿Has conseguido que pongan su técnica en beneficio de la táctica del equipo? ¿Se han sentido motivados? ¿Consideran que los entrenamientos se han adaptado a las mejoras conseguidas? Todas estas preguntas son el test que buscamos. Y sus respuestas, el fruto de nuestra satisfacción.

Epílogo (El fin de los días)

Y hasta aquí mis reflexiones, mis ideas y mi forma de ver el hecho de ser entrenador de un equipo de fútbol. Si habéis llegado hasta aquí estoy contento de haberos involucrado en mis ideas, no quiero que este texto sea un tutorial o un decálogo de lo que hay que hacer. Como he dicho en varias ocasiones las ideas que nos pueden llegar sobre cómo se tiene que entrenar no debemos aceptarlas al 100%, sino que hay que admitir que simplemente son ideas y que nosotros mismos hemos de decidir cómo tenemos que entrenar. Espero que hayáis disfrutado de la lectura, que me podáis conocer un poquito más, que seáis críticos con lo que aquí he expresado y que me hagáis llegar esas críticas para poder crecer yo como entrenador y sobre todo como persona. La secuela de esta película está en dudas de su producción porque como todos sabemos, segundas partes nunca fueron buenas. Sin más, cerramos la sala del cine, recojan sus palomitas, no olviden sus pertenencias y hagan el favor de recomendar esta película a sus seres queridos.

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