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Educación Física, Actividad Física y Deporte: una relación compleja.

Educación Física, Actividad Física y Deporte: una relación compleja.

Existe en la actualidad una interesante confusión de conceptos, de campos, de intencionalidades y sentidos y de prácticas concretas en relación a la Educación Física, la Actividad Física y el Deporte. En primer lugar, se los compara linealmente, cuando esto es un absurdo epistemológico, discutiéndose si la Educación Física debe ser reemplazada por la Actividad Física o por el Deporte, o por ambos en conjunción, al haber perdido vigencia social por el impacto de los otros campos.

La Educación Física es una disciplina pedagógica, reconocida como tal en el campo de la Educación y -por extensión y validación de las titulaciones profesionales que le otorgan legitimidad, a otros ámbitos de aplicación-, que se debe ocupar de enseñar a los ciudadanos los conocimientos generados a partir de la intención humana de ampliar su capacidad motriz o saber qué hacer para el desarrollo de su entidad corporal. Esta definición básica y esencial la ubica en un lugar de imprescindibilidad para viabilizar las propuestas culturales que ofrecen el campo de la denominada Actividad Física o el campo del Deporte: sin una disciplina que se ocupe de enseñar, transmitir, evaluar los aprendizajes puntuales y necesarios, ambos campos no tendrían existencia real.

La Actividad Física y el Deporte, son dos conceptos que implican múltiples manifestaciones motrices, con finalidades también diversas, pero que han sido gestados para sostener la cultura hegemónica de prácticas sistematizadas y ordenadas, necesarias para la reproducción de la dominación cultural y, consecuentemente, social. Si se analizan estas últimas, el orden prima sobre la creatividad, la espontaneidad, la expresión propia: juegos y deportes reglados, propuestos externamente; ejercicios gimnásticos, que basados en fundamentos científicos de las ciencias biológicas llevan al entrenamiento orgánico e higiénico; sesiones de recreación activa planificadas paso a paso, testeos sistemáticos y cuantitativos de las capacidades motoras, etc.

Por definición, “la Actividad Física comprende un conjunto de movimientos del cuerpo obteniendo como resultado un gasto de energía mayor a la tasa del metabolismo basal. A veces se utiliza como sinónimo de ejercicio físico, que es una forma de actividad física planificada y repetitiva con la finalidad de mejorar o mantener uno o varios aspectos de la condición física.”1 Si pensamos que esta intencionalidad netamente fisiologista, reiterativa en la mayor parte de la bibliografía e investigaciones en este campo, puede remplazar a la intencionalidad de la Educación Física, es un enorme retroceso conceptual; salvo que minimicemos, bajo el paradigma de la simplicidad sus alcances o, desde otra perspectiva, avalemos que las Ciencias de la Salud gobiernan al desarrollo humano.

Esta distorsión está ligada, filosóficamente, a la consideración del cuerpo como entidad en sí misma, considerando al sujeto como poseedor de un cuerpo al que atender y no un sujeto que es cuerpo, que entre sus distintas dimensiones que lo hacen ser humano, la corporeidad es una de sus providencias esenciales, la que le permite ser, estar y hacer en el universo. Pero es mucho más sencillo estructurar y organizar ejercicios para entrenar funciones y sistemas, que enseñar al sujeto a pensar en sí mismo, en un sentido más amplio y profundo de las actividades físicas o prácticas motrices que necesita para el desarrollo de su corporeidad, de su en sí corpóreo.

La sensibilidad y la percepción de sí mismo en perspectiva histórica, en el marco de su circunstancia de vida marcada por su sector social de pertenencia, las marcas emocionales, el tipo de relaciones de comunicación -que siempre se establecen corporalmente-, no son tenidas en cuenta por el biologismo.

Por su parte, el Deporte tiene en los deportes un claro producto cultural, definido y preciso, basado en una inicial estructura lúdica, en el hacer como sí del enfrentamiento entre los seres humanos -a la luz de las guerras y diversas formas de agresión que subsisten- con la finalidad de sublimarlo, con un control claro de la motricidad por las técnicas altamente definidas que implica, las tácticas y las reglas precisas. Ha constituido un sólido imaginario social sobre los beneficios de su práctica, pero sobre una estructura casi impenetrable a la modificación, salvo para una mayor solidificación de su hegemonía. Y sus instituciones rectoras siempre ejercieron una gran presión sobre la Educación Física para que esta sea fiel reproductora de sus valores, intenciones y prácticas, con un alto logro de este objetivo.

Tal es así, que un importante tiempo de las clases de Educación Física se dedica a la enseñanza de juegos deportivos y deportes, en forma definida y ordenada, hasta el punto que en muchas instituciones escolares la Educación Física ha sido reemplazada, de hecho por la Educación Deportiva. Pero son muchos los sujetos que no adhieren a las prácticas deportivas por el tipo de implicación corporal y de relación con los otros, basadas en la competición, en la búsqueda de la superación constante a través del entrenamiento sistemático, donde los valores y la evaluación se sitúan en la capacidad de reproducción de la lógica de los deportes -estos, en definitiva, son juegos sofisticados, cerrados en sí mismos-.

Ambos campos están fuertemente captados por la empresa y los organismos rectores. El de la Actividad Física produce constantemente máquinas, elementos, vestimenta, relacionados con la infinidad de variantes de actividades físicas que se crean para sostener el mercado. Las grandes cadenas de gimnasios generan entornos atractivos, con alta tecnología en muchos de ellos, que atraen a los sujetos y les ofrecen fantasiosos modelos estéticos; la televisión cuenta con programas y spots publicitarios de aparatos “mágicos” para bajar de peso, afinar la silueta o tener abdominales perfectos, que luego de ser comprados, son arrumbados en garajes o placares por la frustración ocurrida.

El Deporte es uno de los productos de mayor renta económica del mundo en todas sus variables, desde el deporte espectáculo hasta el fútbol callejero. Los organismos rectores son verdaderas empresas multinacionales que ofrecen a los espectadores un producto ideal de consumo: el olvido de la realidad y el ingreso en un universo cerrado donde rigen otras normas que en el mundo real y cotidiano.

El juego de poder por la hegemonía y el sostenimiento de los sistemas y dispositivos que la hagan perdurable, ligado a la variable económica, están en la base de esta discusión y producen luchas en los frentes político, social y educativo, que inciden sobre la formación de los profesionales encargados de su sustentabilidad.

El Estado no es imparcial ni está exento en esta problemática, por lo que sus funcionarios marcan políticas y estrategias sobre el devenir de estos campos, de acuerdo con la influencia social y económica que provocan. La Educación Física, que no ha cambiado estructuralmente su visión escolarizada ni asumido su rol protagónico para enseñar en distintos ámbitos, incluida la escuela, los contenidos, los métodos y las prácticas corporales que la resitúen en esta tensión con los campos del Deporte y la Actividad Física, entronizados por los intereses señalados, debe hacer una profunda reflexión sobre sí misma, modificar su posición cómoda y reproductivista de algunas prácticas, con la protección aparente del sistema educativo -que no es demasiado crítico de esta asignatura, por simple desconocimiento de los educadores en general, de su sentido y finalidad profunda-, para modificar sus contenidos y propósitos.

La Educación Física no puede ser remplazada en cuanto a proceso pedagógico-didáctico que se ocupa del desarrollo de la corporeidad humana, con distintos sentidos, pero, básicamente, los de ayudar a todos los ciudadanos a desarrollar la disponibilidad de sí mismos y la constitución de su identidad. En este punto ingresamos en un punto nodal, en un análisis de lo profundo y complejo que se juega filosófica e ideológicamente: la reproducción acrítica de las figuraciones que instala la estructura social e institucional impactando en los sujetos y llevándolos a constituirse como reflejo de las mismas o la atención a los sujetos en su esencialidad y circunstancia, a sus necesidades, deseos e intereses.

Pero esto no es todo porque, a su vez, los sujetos manifiestan necesidades, deseos e intereses que provienen del sistema que los condiciona y es muy difícil llevarlos a la comprensión de esta dependencia y poder emanciparse criteriosamente de la misma. El sistema y las estructuras sociales responden al capitalismo, que las genera y reproduce constantemente, a pesar de algunas resistencias. Sus dispositivos rápidamente toman las mismas y las convierte en propias, pero amoldándolas a su interés, creando pseudas instancias críticas, por ejemplo, el  constructivismo como oposición al directivismo… pero para aprender lo que al sistema le interesa. Cuando la Educación Física propone salirse de estos parámetros reproduccionistas, los docentes que se animan son fuertemente criticados, incluso en el seno de sus grupos, condicionados previamente.

La Educación Física crítica no “vende”, no prepara alumnos para ser futuros deportistas que nutrirán la maquinaria del deporte espectacular, no uniforma tareas y ejercicios para someter las individualidades, no genera una moral competitiva que lleva a la indiferencia y a la agresividad -avalados simbólica y prácticamente, por ejemplo, en el famoso “Quemado”, ícono del ataque al Otro, de la exclusión de los más débiles, de la demostración de la sobrevivencia de los más aptos-, no genera dependencia de los productos consumibles -musculación, aerobics, crossfit, etc.-: simplemente, intenta que cada sujeto se encuentre consigo mismo, con su entidad para construir su identidad, con el aprendizaje de jugar por jugar, con su disponibilidad motriz para ampliarla según sus necesidades y su propio sentido de la vida, para utilizar, en consecuencia, lo que la “Actividad Física y el Deporte” le ofrecen, con libre albedrío y emancipados de la ignorancia que producen las clases sin reflexión. Es decir, sujetos que “se saben a sí mismos”, que van construyendo su corporeidad por libre elección, dentro del sistema -porque las relaciones de producción y de dominación de este son fuertemente hegemónicas y excluyen a quien no se aviene-, que buscan espacios y tiempos para el encuentro con Otros significativos, a través de actividades físicas, ludomotrices, deportivas, reconstruidas o modificadas, o simplemente, creadas, porque aprendieron con libertad a jugar con su motricidad, a resolver situaciones ludomotrices autogeneradas, a elegir las formas de jugar los deportes para la inclusión de todos –sin distinción de género, capacidad deportiva, o necesidad de demostrar poder sobre los Otros-, en síntesis, a vivir con un fuerte compromiso con la vida misma, con sus pares, con disfrute de una motricidad autónoma, animándose a romper con la seguridad del orden establecido externamente.

Esto implica una importante revisión filosófica, en primera instancia, para decidir si nos ocupamos del Hombre o nos ocupamos de reproducir el Sistema, acríticamente. Esto no implica negar la cultura de lo corporal desarrollada hasta el momento, que responde a un largo proceso de construcción humana, sino a reflexionar y valorar si esta cultura hegemonizada responde a las necesidades, deseos e intereses de todos los seres humanos, de todos los sectores y grupos sociales y de todos los sujetos en sí mismos. En consecuencia, si hacemos realmente propios los conceptos de atención a la diversidad e inclusión social, desde este lugar no significa ampliar a mayor número de sujetos las prácticas hegemónicas, sino rescatar y producir otras culturas, construir dialógicamente los saberes necesarios para la autonomía y la libre elección de prácticas, lo cual les permita a todos los ciudadanos afrontar la vida cotidiana, el trabajo, el tiempo recreacional, con una libre disponibilidad de sí mismos y hacer de la actividad física y el deporte, insumos y no mandatos.

Hagamos de la Educación Física una herramienta más para ayudar a encontrar otras formas de vivir, cambiando los sentidos hegemónicos de la Actividad Física y el Deporte puestos al servicio del rédito económico, para que estén al servicio de la vida.

Unicef. (2006) "Convención sobre los Derechos del Niño" http://www.unicef.org/spanish/crc/index_30160.html 2 Murcia Peña, Napoleón. (2003). “La Motricidad Humana, transcendencia de lo instrumental”. http://www.efdeportes.com. Revista Digital. Bs. As. Año 9- Nro. 65.

Educación Física, Actividad Física y Deporte: una relación compleja.
Autor: Jorge Gómez Licenciado en Actividad Física y Deporte. Decano de la Facultad de Actividad Física y Deporte. Universidad de Flores (UFLO). Mail: jgomezuflo@gmail.com o jgomez@uflo.edu.ar

Educación Física, Actividad Física y Deporte: una relación compleja.
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