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Los clubes barriales en Argentina y su aporte integrador al desarrollo humano

Los clubes barriales en Argentina y su aporte integrador al desarrollo humano

La primera mitad del siglo XX fue prolífica en el nacimiento de un fenómeno social que cubrió las necesidades de miles de personas: los clubes. El nacimiento de estas organizaciones de carácter socio-cultural y deportivo, fue el resultado de necesidades sociales y de la visión de líderes que supieron leerlas. Así, en respuesta al surgimiento del deporte fútbol, que rápidamente se instaló en el corazón de la gente, nacieron los clubes de fútbol.

Nacieron los clubes barriales, en respuesta a la necesidad de los vecinos de disponer de centros de nucleamiento social, que tenían como instrumentos los juegos de naipes, el dominó y el bar, sirviendo un amplio patio central para los juegos deportivos. Patios que los líderes sociales del momento, supieron leer como el espacio del barrio que reemplazaría los “riesgos de la calle para sus hijos”. Sólo hubo que agregar dos arcos, dos aros enfrentados y las líneas demarcatorias. “Luna de Avellaneda”, de existencia cinematográfica, es el símbolo de un sinfín de clubes de estas características, en muchos de los cuales se mostraba, orgullosamente, “la biblioteca”. Y nacieron los clubes comunitarios, en respuesta a la necesidad de los grupos de inmigrantes, de nuclearse y, a la vez, conservar sus culturas. En representación de este segmento, tenemos instituciones de gran vigencia como el Deportivo Español, Tiro al Segno, los Macabi, el Centro Armenio, la Sociedad Alemana de Gimnasia, entre otros.

Sus líderes no encontraron mejor herramienta para concretar sus objetivos que la institución deportiva. Y nacieron también los clubes deportivos, en respuesta a la necesidad de los amantes de la actividad deportiva, que deseaban realizarla en su tiempo libre.

Clubes cuya ideología se sintetizó en la frase “mens sana in corpore sano”, y entre cuyos representantes, podemos citar la Asociación Cristiana de Jóvenes, -el YMCA, por sus siglas en inglés-, y a Gimnasia y Esgrima, para referenciar dos muy emblemáticos. En todos los casos el sentido de esas creaciones refería a la socialización y reunión entre vecinos, la conservación de la cultura de tierras lejanas, en “sacar a los chicos de la calle”, realizar actividades deportivas. En todos los casos, necesidades humanas, que diversos líderes sociales supieron leer, promover y concretar. Líderes con “sueños” que aspiraban concretar, clara la misión a cumplir y valores sobre los cuales apoyarse, y que, además, se imponían para los tiempos que corrían en nuestro país.

Ellos no hablaban de estrategias ni de marketing. Los tiempos eran más simples; los cambios no eran lo abruptos que son en la actualidad y lo instituido se extendía por tiempos indefinidos; los asociados guardaban fidelidad con su institución a una cuota social relativamente baja, lo que permitía un número importante de socios ociosos, que no concurrían, pero que abonaban su cuota, facilitando la sustentabilidad económica del club.

En ese clima transcurrió la primera mitad del siglo XX, facilitando el desarrollo de esas instituciones, que, sin proponérselo explícitamente, colaboraron en la construcción de la argentinidad: los clubes barriales contribuyeron a que se juntaran tanos, rusos, gallegos y criollos. Cristianos, judíos, musulmanes y ateos. Anarquistas, comunistas, socialistas, radicales, peronistas… Los clubes de fútbol que crearon nuevas identidades: por ejemplo, los de Racing, los de River, los de Boca, Quilmes, Rosario Central, Belgrano de Córdoba…. Las distintas comunidades comenzaron a reconocerse, diferenciarse e integrarse en los torneos interclubes. De ese modo y seguramente sin proponérselo, como decíamos, colaboraron en la construcción de la argentinidad. Un interesante artículo sobre esta etapa de la historia de los clubes puede leerse en “Desalojo en el predio "Homero Manzi": clubes de barrio y cultura obrera”.

Y en ese clima, también, sus directivos no pudieron ver lo que se venía. Esos pioneros sociales de la primera mitad del siglo XX, no pudieron ver los cambios que sobrevendrían a partir de los años ´60, y que desencadenaron abruptos y turbulentos a partir de los ´80. La mayoría de aquellos directivos no vieron o no pudieron, quisieron o supieron interpretar los cambios que se venían y accionar en consecuencia.

La generación de inmigrantes adultos comenzaba a diluirse. Sus hijos se habían insertado en la cultura argentina y/o la integraban con la de sus orígenes. Los socios fundadores de los clubes barriales fueron falleciendo. Los juegos de naipes no eran motivo de reunión de sus hijos, cuyos sitios de encuentro pasaron a ser bares, boliches, la universidad, la calle… Más tarde, los tiempos de la represión, en los que era sospechoso agruparse, contribuyeron a la desolación de los clubes. Y luego, los gimnasios privados; los nuevos e impresionantes estímulos, como la computadora e internet con sus “jueguitos” incluidos. La resultante de este cuadro, con el agregado de una crítica situación económico - social, hizo su explosión en los ´90, con cantidad de clubes barriales imposibles de sostener, debiendo cerrar sus puertas, hecho que dramáticamente quedó registrado fílmicamente en la ya mencionada “Luna de Avellaneda”. Otros fueron “salvados” por organizaciones con intereses esencialmente comerciales, que llegaron con sus máquinas, acompañadas por costos que los tornaron exclusivos -y excluyentes-, entre los cuales por supuesto no podían contarse los clubes barriales.

Esta descripción incluye clubes comunitarios y clubes deportivos en quebranto económico, subsistiendo aquellos cuyos asociados podían abonar una alta cuota, dejando en el camino a muchos que no podían pagarla. Se cerraba así, en esos ´90, en un contexto neoliberal extremo y tras un lapso de tiempo claramente declinante, una etapa en la que los clubes cumplieron una importante misión, con eje en lo sociocultural y deportivo y sostenida por valores orientados hacia la preservación de culturas, integración social y “mente sana en cuerpo sano”. Y ese cierre, ¿qué nos dejó? ¿Qué cambió en el terreno del cual nos estamos ocupando? ¿Cuáles fueron -y son-, las nuevas necesidades? ¿A qué tarea debió -y debe-enfrentarse el nuevo liderazgo? Las respuestas son complejas y debemos ubicarlas en un contexto que permita incluir el campo del que nos estamos ocupando.

¿Qué nos dejó?

Lo que nos dejó, entre otras cosas y siempre en relación al tema que nos ocupa, es una gran parte de la población que no cuenta con espacios ni oportunidades para realizar algún tipo de Actividad Física, con el potencial que la misma ofrece para el Desarrollo Humano. Esto es, para la educación, la salud, la inclusión, la integración social, mejores condiciones laborales, etc.

¿Qué cambió?

En principio, nos encontramos con una realidad absolutamente diferente a la que vivieron aquellos argentinos, aquellos inmigrantes, aquellos líderes, de la primera mitad de siglo al que hicimos referencia. Nos encontramos en un mundo globalizado en el que impresionantes aeronaves acortaron distancias; modalidades de trabajo en la que las máquinas reemplazan a la gente; alta tecnología en los sistemas de comunicación y de atención de salud; elevados niveles de sofisticación en aparatos gimnásticos y deportivos; moderna tecnología en la preparación de comidas rápidas y/o precocinadas; paridad hombre-mujer en cuanto a sustentabilidad económica de la familia; diferentes modos de construcción familiar; etc. Y podemos continuar detallando cambios que no dejan de sorprendernos y que serían increíbles, si volvieran a nacer, para las personas del siglo pasado a las que nos hemos estado refiriendo.

Debemos reconocer que esos cambios han producido beneficios, pero no podemos desconocer que también, han generado serios perjuicios. Mencionaremos solo algunos de ellos, pertinentes al terreno al cual nos estamos refiriendo.

• Hábitos de alimentación inadecuados sintetizados en las “comidas chatarra”, consecuencia de diferentes causas entre las que elegiremos el arrollador avance de la publicidad y la intensa vida laboral por parte de ambos miembros de la pareja, impidiendo la posibilidad de comidas caseras sanas y adecuadas.

• Situaciones de stress permanente, producto de exigencias laborales extremas, para lograr mejores niveles económicos de vida -cuando no sostener los adecuados-, opuestos, en muchos casos, a una mejor calidad de vida. • Prolongados lapsos de actitud sedentaria, generados por estímulos tecnológicos que invitan a posiciones sentadas.

• Posturas corporales inadecuadas, producto de una ergonomía no pensada para el ser humano, que producen desde dolores hasta malformaciones corporales, con destino a las llamadas enfermedades profesionales. • Educación Física en las escuelas, que no desarrolla actitud para comprender los beneficios de la Actividad Física en todas las edades.

¿Cuáles son las nuevas necesidades?

Así como los líderes de principio de siglo pasado, supieron leer las necesidades antes descriptas -sintetizadas en la integración de los inmigrantes al país, espacios de encuentro para los vecinos del barrio, actividad deportiva para niños y adolescentes-, hoy, como consecuencia de los problemas descriptos en el apartado anterior, se identifican nuevas necesidades a las que los clubes deben responder, entre las cuales podemos citar:

• Actividad Física especial para enfermedades no contagiosas: diabetes, obesidad, etc.

• Incentivo a la Actividad Física en oposición a la actividad sedentaria.

• Actividad Física para niños, adolescentes y jóvenes.

• Actividad Física de mantenimiento para adultos.

• Actividad socio cultural recreativa compensatoria de situaciones de stress para adultos.

• Actividad Física y recreación para adultos mayores. Paralelamente a estas necesidades que responden a su propia naturaleza, los directivos de los clubes deben responder a necesidades institucionales, entre las que citaremos: • Claridad en la misión, objetivos y visión de las instituciones

• Estrategia adecuada para su desarrollo • Diseño y conducción de programas y proyectos adecuados a la zona y población en la que se encuentra

• Capacitación para dirigentes y profesionales para la conducción de este tipo de organizaciones En todos los casos, las actividades deben ser consecuencia de objetivos institucionales, comunitarios, educativos, de salud y motrices, y sus respectivos programas ligados a actividades sociales, recreativas, de movimiento, deportivas, de contacto con la naturaleza, etc., que compensen, entre otros, los estados de stress, sedentarismo, obesidad y las llamadas enfermedades profesionales en general. Las fortalezas y oportunidades

• El país y la gente hoy está, objetivamente, en mejores condiciones que en los primeros años del siglo pasado. • Los clubes que pudieron superar la crisis de fin de siglo siguen abiertos y funcionando según sus posibilidades. • Incipiente conciencia en la población de la necesidad de Actividad Física.

• Cada vez más, las instituciones formadoras de profesionales de la Actividad Física capacitan desde la perspectiva de la Educación Permanente y sus modalidades en Educación no Formal e Informal.

• Los profesionales de la salud, cada vez más, ligan la Actividad Física a la salud y viceversa.

• Existencia de polideportivos, centros comunitarios, centros de integración comunitaria, centros de Educación Física, etc., con los cuales los clubes pueden establecer acuerdos de uso para los fines de semana.

• Promulgación de la Ley de los clubes barriales. • Apoyo económico del Estado.

• Desarrollo de conceptos tales como Educación Permanente, Educación no Formal, Educación Informal. • Estímulo a la participación de la Sociedad Civil. Las debilidades y los riesgos

• Riesgos de abandono del apoyo económico estatal a los clubes barriales, como sucediera en ocasiones anteriores.

• Desmotivación y desinterés en capacitarse por parte de dirigentes, voluntarios y profesionales en temas de conducción. • Falta de conocimientos por parte de profesores y entrenadores para trabajar en organizaciones de la Sociedad Civil.
• Problemas de sustentabilidad de las organizaciones.

• Instituciones que no disponen de misión, visión y valores; ni tampoco de planeamiento estratégico. La sustentabilidad Capítulo especial merece el tema de la sustentabilidad de los clubes barriales. Y nos referimos a la sustentabilidad que brindan los recursos humanos y los económicos. Al respecto y para avanzar en proyectos que perduren, es cada vez más importante la alianza entre el sector gubernamental, el social y el empresarial. Los tres sectores deben comprender mejor esa necesidad de alianzas para el desarrollo de proyectos sociales y aportar en consecuencia, según sus posibilidades, a saber:

  1. El sector social, a través del recurso humano emprendedor y sensible a la necesidad de este tipo de organizaciones para el desarrollo humano. Con disposición a capacitarse para la conducción de las mismas, en el entendimiento que son organizaciones sociales y no empresas comerciales. Que las organizaciones sociales tienen como finalidad principal al desarrollo humano y el medio ambiente en el que la humanidad se despliega y que tal finalidad obedece a un derecho humano.
  2. El sector empresario, como miembro de la localidad, la ciudad, la provincia, la región, el país, en fin, de la sociedad y su gente, a través de programas sociales y/o de responsabilidad social, brindando apoyo económico en infraestructura, programa e insumos.
  3. El sector gubernamental en cualquiera de sus niveles, desarrollando conciencia en la población en general y el empresariado en particular, apoyando y estimulando el apoyo a este tipo de organizaciones, en conocimiento que las mismas cubren un amplio espectro del desarrollo humano, en sus fases social, educativa, de salud, cultural, recreativa y del movimiento. Es con estos aportes de los tres sectores y obrando a modo de alianzas que este tipo de organizaciones barriales podrán aportar a las nuevas necesidades de la gente, apuntando al desarrollo humano y social de la comunidad.

Autora: Estela Kalinsy Licenciada en Ciencias de la Educación

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